La escena habla por sí sola y exhibe a la Suprema Corte de Justicia de la Nación en su peor versión. En el video que circula, la joven que aparece limpiándole los zapatos al ministro presidente, Hugo Aguilar Ortiz, es Amanda Pérez Bolaños, exalumna del ITAM y actual titular de Comunicación Social del máximo tribunal del país.
Sí, la encargada de cuidar la imagen institucional de la Corte… arrodillada, limpiando el calzado del hombre que dirige el Poder Judicial.
No es un malentendido. No es “acomodar algo”. No es “sacado de contexto”. Es exactamente lo que parece: un acto de servilismo que revela la cultura interna de privilegio y jerarquía que la nueva Corte intenta tapar con discursos de igualdad.
El impacto simbólico es brutal. Si la funcionaria responsable de proyectar profesionalismo, seriedad y altura institucional aparece realizando una tarea impropia, ¿qué dice eso del ambiente que se vive dentro del Poder Judicial? ¿Qué mensaje envía sobre la relación entre poder, subordinación y trato digno?
Mientras la Corte presume renovación, modernidad y cercanía con la gente, este episodio la desnuda. No hay narrativa que salve una imagen así. No hay comunicado que maquille lo evidente: la vieja élite judicial sigue viva, cómoda y sintiéndose intocable.
Hoy, la Suprema Corte enfrenta su propio espejo.
Y lo que refleja es profundamente indignante.



