Alma apenas comenzaba una nueva oportunidad. Tenía una semana trabajando como cocinera en el bar “Pájaro Azul”, ubicado en la Región 228 de Cancún. La madrugada del viernes, mientras cumplía su turno en la cocina, una bala perdida le arrebató la vida durante una balacera entre dos grupos que se enfrentaron dentro del establecimiento.
Antes de llegar al “Pájaro Azul”, Alma trabajaba en el restaurante “Black Bunny”, un conocido negocio de la ciudad que fue asegurado por la Fiscalía General del Estado de Quintana Roo. Según versiones de empleados y allegados, el aseguramiento se habría dado luego de que los dueños se negaran a pagar extorsiones presuntamente exigidas por miembros del crimen organizado y funcionarios públicos. Aquella clausura repentina dejó sin empleo a decenas de trabajadores, entre ellos, a Alma, quien buscaba mantener a sus dos hijos pequeños.
En su nuevo trabajo, Alma apenas se estaba adaptando. Atendía la cocina con dedicación, sonriente, agradecida por la oportunidad de seguir ganándose la vida. Pero la madrugada del viernes, la violencia volvió a cruzarse en su camino. Una riña entre dos grupos, presuntamente por la venta de drogas, derivó en una balacera dentro del bar. En medio del pánico, una bala perdida la alcanzó. Quedó tendida en un rincón del local, sin vida.
Su pareja llegó minutos después, desconsolado. Contó que había intentado llamarla varias veces, pero ella ya no respondió. Alma deja huérfanos a dos niños de 9 y 10 años, quienes esa noche esperaron en vano su regreso a casa.
Elementos de la Fiscalía estatal aseguraron el lugar y hallaron más de 20 casquillos percutidos. Los agresores escaparon antes de que llegara la policía. El “Pájaro Azul” amaneció acordonado, convertido en la escena de otra tragedia que sacude a Cancún.
Alma era trabajadora, discreta y amable. Soñaba con abrir un pequeño negocio de comida para no depender más de nadie. Pero su historia terminó en medio de una balacera, víctima de un país donde el trabajo honesto no garantiza seguridad, y donde la corrupción y la violencia siguen arrebatando vidas que solo buscaban sobrevivir con dignidad.
Hoy, Cancún despierta con otro nombre en la lista de inocentes. Alma no estaba en el lugar equivocado: solo salió a trabajar… y no volvió.



