Ciudad de México.— La presidenta Claudia Sheinbaum condenó la publicación de fotografías de las víctimas mortales del descarrilamiento del Tren Interoceánico, calificando esa difusión como inhumana, carente de ética y ofensiva para las familias. Desde la tribuna presidencial, sostuvo que exhibir los rostros de las víctimas revictimiza el dolor y vulnera su dignidad.
El señalamiento abre una contradicción difícil de ignorar. Durante años, figuras centrales de la llamada 4T utilizaron de manera reiterada los rostros, nombres e identidades de los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa como herramienta de presión política, movilización social y discurso público.
Entre quienes difundieron de forma sistemática las imágenes de los estudiantes se encuentran Andrés Manuel López Obrador, Mario Delgado, Gerardo Fernández Noroña y Citlalli Hernández, además de legisladores, gobernadores y voceros del movimiento que llevaron los rostros de Ayotzinapa a marchas, sesiones legislativas, campañas, redes sociales y actos oficiales.
Las fotografías de los normalistas fueron exhibidas como símbolo político, como denuncia y como bandera partidista para confrontar a gobiernos anteriores. Esa exposición constante nunca fue cuestionada por los hoy críticos de la difusión de imágenes. No se habló entonces de bajeza, ni de falta de ética, ni de revictimización.
La contradicción es clara. Hoy, cuando la tragedia del Tren Interoceánico impacta directamente a un proyecto emblemático del actual gobierno, se exige contención, silencio visual y respeto absoluto. Ayer, cuando Ayotzinapa servía para erosionar a otros gobiernos, la exhibición de los rostros fue alentada, celebrada y amplificada desde el poder opositor de entonces.
El debate no es periodístico, es político. Quién decide cuándo el dolor puede mostrarse y cuándo debe ocultarse. Bajo qué criterio una imagen es memoria y denuncia, y bajo cuál se convierte en bajeza moral. La respuesta parece depender del costo político del momento.
La ética no puede ser selectiva. Si hoy es inaceptable mostrar imágenes de víctimas, también lo fue ayer. Y si ayer se justificó como una causa justa, hoy no puede condenarse solo porque el golpe político alcanza al poder. La tragedia no debería administrarse según la conveniencia del gobierno en turno.




