Ciudad de México.— El testimonio que Joaquín Guzmán López rindió ante una Corte federal en Illinois destapó uno de los episodios más oscuros y silenciosos en la guerra interna del Cártel de Sinaloa: el secuestro de Ismael “El Mayo” Zambada. Sin rodeos, el hijo de “El Chapo” aceptó haber participado directamente en la captura del histórico capo, revelando un operativo marcado por engaños, sometimiento y sedación forzada.
La reunión trampa
Guzmán López detalló que la cita ocurrió el 25 de julio de 2024 en Sinaloa. A Zambada lo convocaron bajo el pretexto de resolver un conflicto interno entre ambas facciones. Él acudió confiado.
Ya dentro del inmueble, lo condujeron a una sala en la que previamente retiraron un ventanal completo. Al cerrar la puerta con llave, varios sujetos armados entraron, lo sometieron, le colocaron una bolsa en la cabeza y lo esposaron sin permitirle reaccionar.
El movimiento estaba fríamente calculado: el cristal removido servía como vía de escape para evitar cámaras y miradas externas. Por ahí lo sacaron a la fuerza y lo subieron a una camioneta que lo esperaba encendida.
Esposas, sedantes y un vuelo clandestino
Guzmán López narró que durante el trayecto —de unos 10 a 15 minutos— mantuvieron a Zambada inmovilizado y con la visión totalmente bloqueada. Llegaron a una pista privada, donde una avioneta ya estaba lista.
Una vez abordo, lo ataron con bridas al asiento y le hicieron ingerir una bebida mezclada con sedantes. El propio Guzmán López tomó lo mismo para evitar sospechas si más tarde se realizaban pruebas. Con ambos drogados, despegaron rumbo a Estados Unidos.
La operación, según su confesión, tenía un solo objetivo: entregar a Zambada a autoridades estadounidenses sin que él pudiera resistirse o negociar.
Caída sin negociación
La declaración del hijo del Chapo derrumba la versión que circuló durante meses, aquella que sugería que El Mayo se había “entregado” voluntariamente o como parte de un acuerdo político-criminal.
La realidad fue otra: un secuestro ejecutado por una de las facciones más poderosas del propio Cártel de Sinaloa.
Golpe interno al Cártel de Sinaloa
La traición expuesta exhibe la fractura que desde hace años divide a los llamados “Chapitos” y al clan de “Los Mayitos”. La captura de Zambada, ya anciano y enfermo, marcó el mayor golpe interno registrado en la estructura que dominó el narcotráfico en México durante décadas.
La revelación no solo explica la abrupta caída de uno de los líderes más antiguos del crimen organizado, sino que también reconfigura por completo el mapa del poder criminal: un vacío que otros grupos —y las propias facciones sinaloenses— ya están disputando.
El testimonio es demoledor. No deja espacio a la narrativa oficial ni a mitos sobre pactos. La caída de “El Mayo” no fue un acuerdo: fue una traición con bolsa en la cabeza, esposas y sedantes.




