Ciudad de México.— La narrativa del gobierno federal sobre la contratación de médicos cubanos enfrenta un nuevo punto de tensión. Mientras la presidenta Claudia Sheinbaum asegura que los profesionales de la salud reciben un salario directo por su trabajo en México, documentos del propio acuerdo bilateral revelan un esquema financiero que contradice, al menos parcialmente, esa versión.
De acuerdo con el contrato firmado desde 2022, el pago por los servicios médicos no se realiza directamente a los trabajadores, sino a través de una empresa estatal cubana vinculada al gobierno de Miguel Díaz-Canel. El compromiso financiero incluye transferencias mensuales millonarias por el envío de cientos de médicos al país.
El punto crítico no es menor: mientras el discurso oficial insiste en que los médicos reciben su remuneración sin intermediarios, el diseño del convenio sugiere que el flujo principal del dinero pasa primero por estructuras del Estado cubano. Este modelo ha sido históricamente cuestionado a nivel internacional, al considerarse que una parte significativa de los recursos no llega directamente a los profesionales.
La presidenta ha defendido el programa argumentando que estos médicos han sido clave para cubrir zonas marginadas donde especialistas mexicanos no acuden, especialmente tras la experiencia de la pandemia. Sin embargo, la polémica ya no gira únicamente en torno a su utilidad, sino a la transparencia del esquema financiero que sostiene su presencia en el país.
El caso reabre un debate incómodo para el gobierno: ¿se trata de cooperación médica o de un mecanismo de financiamiento indirecto a un gobierno extranjero? La diferencia no es menor, sobre todo en un contexto donde la administración ha colocado la lucha contra la corrupción y la opacidad como bandera política.
Más allá del discurso, los documentos colocan sobre la mesa una exigencia clara: explicar con precisión quién recibe el dinero, bajo qué condiciones y con qué nivel de transparencia. Porque cuando se trata de recursos públicos, la narrativa ya no basta; lo que pesa es la evidencia.



