La rectoría de la Universidad de Quintana Roo (Uqroo) deberá ser renovada en agosto del presente año, y aunque soterradamente se ha arrancado una carrera por alcanzar su titularidad, nadie hasta ahora ha antepuesto un proyecto que dignifique de nuevo la que llegó a ser catalogada como “la nueva universidad mexicana”, y cuyos indicadores la ubican en la actualidad entre las de más lamentable desempeño.
Cuatro años han bastado para que la Uqroo pierda gran parte del prestigio alcanzado, disputas internas y falta de conducción efectiva han ocasionado un evidente rezago de la institución; además que el nulo seguimiento de sus egresados ha ocasionado que no exista claridad sobre la eficiencia terminal, su colocación profesional con respecto a los de otras instituciones para determinar si la iniciativa privada y el gobierno mismo reciben a sus profesionistas, el promedio de sus percepciones también en comparación con los de otras escuelas, entre otros temas que servirían como parámetro para conocer su realidad y la capacidad de colocación en el ámbito laboral.
Además, en los planes académicos y la plantilla de docentes también existen carencias, y de ello son responsables tanto las autoridades que prefieren contratar por hora a académicos con escasa formación, en lugar de profesores-investigadores; como de los mismos académicos que han hecho de la investigación una simulación. Muchos son los retos pues que tendrá frente a sí el próximo rector.
Elina Coral Castilla concluirá su encargo el próximo 14 de agosto, y el 16 de ese mes debe asumir el nuevo rector; por ello, la Junta Directiva, presidida actualmente por Juan Xacur Maiza, deberá emitir la convocatoria respectiva, en la que reproduzca los requisitos establecidos en la Ley Orgánica, además de que en los últimos procesos se ha exigido también presentar una exposición de motivos y un plan de trabajo con las acciones a desarrollar.
Y es justamente esta cuestión la que debiera ahora privilegiarse. En su plan de trabajo la actual rectora no contempló nada para mejorar los indicadores de la institución, y en congruencia con ello, los mismos se desplomaron hasta dejar a la universidad en el estado en que actualmente se encuentra. Por cierto, el presidente de la Junta Directiva de la Universidad era Luis Fernando Cabrera Castellanos, y “en el pecado llevó la penitencia.” Recuérdese que en diciembre de 2014 Coral Castilla intentó despedirlo aduciendo que no tenía cédula profesional.
Antes de discutir pues si debe ser un académico de la Uqroo, un egresado de esa institución o evitar que sea un burócrata más, el futuro rector deberá aclarar ¿de qué manera mejorará la eficiencia terminal de sus estudiantes? ¿qué seguimiento dará a los profesionistas de la institución? ¿cuáles programas y carreras necesitan actualización y con qué orientación? ¿qué modificaciones normativas impulsará para hacer eficiente la administración de los bienes universitarios y con qué objetivos? ¿cuál será su estrategia para vincular socialmente a la universidad? Y ¿de qué manera logrará la profesionalización de la plantilla académica? Entre otras muchas temáticas.
Nombres en el aire hay muchos y autopromociones, abiertas y veladas, también. Ángel Rivero Palomo, Martín Ramos Díaz, Iván Hernández Pacheco, Mahfud Safar Teyer, Manuel Alamilla Ceballos. Especulaciones hay más, pues se dice incluso que María Hadad Castillo pudiera ser “premiada”, luego de cumplida su tarea en la actual campaña electoral como candidata suplente a la diputación federal por el PRI. Lo importante no es el origen de los candidatos, aunque sí su formación; pero ante todo, es indispensable los planes que presenten para que la Universidad de Quintana Roo sea el orgullo de sus egresados, y una alternativa de futuro para sus estudiantes, así se observa desde aquí, A Tiro de Piedra. Nos leemos en la próxima.



