Washington / Ciudad de México. En un golpe diplomático sin precedentes, el gobierno de Estados Unidos revocó las visas de 50 políticos mexicanos, la mayoría pertenecientes al partido Morena, como parte de una ofensiva directa contra redes políticas presuntamente vinculadas con los cárteles del narcotráfico.
La medida, anunciada por el Departamento de Estado, forma parte de una estrategia de “tolerancia cero” frente a funcionarios y exfuncionarios que, según informes de inteligencia, habrían protegido o facilitado operaciones del crimen organizado en distintos estados del país.
Fuentes diplomáticas señalaron que entre los sancionados figuran alcaldes, legisladores y exservidores públicos de Morena, principalmente de entidades del sur y occidente de México, donde el control territorial de los cárteles ha avanzado en los últimos años.
Aunque la revocación de visas no implica procesos judiciales inmediatos, la decisión representa una sanción política y moral severa, que impide a los involucrados ingresar a Estados Unidos, realizar gestiones financieras o participar en eventos oficiales.
El gobierno estadounidense ha endurecido su postura frente a los llamados “políticos protectores”, a quienes acusa de ser parte del entramado de impunidad que ha permitido la expansión de los grupos criminales. Según fuentes consultadas, el Departamento del Tesoro también evalúa incluir a algunos de los señalados en su lista de sanciones por lavado de dinero y corrupción.
En México, la noticia generó tensión dentro de Morena, donde varios cuadros locales exigieron transparencia y deslindes públicos. La oposición, en cambio, consideró la medida como una confirmación de lo que denomina “el pacto de silencio” entre el poder político y el crimen.
La Cancillería mexicana prepara una nota diplomática para solicitar información oficial sobre los nombres y motivos de las sanciones, aunque analistas advierten que Washington no está obligado a divulgar los detalles bajo criterios de seguridad nacional.
El mensaje de fondo es claro: Estados Unidos decidió exponer la cara política del narcotráfico en México, y el epicentro del golpe, esta vez, apunta al corazón del partido gobernante.



