La tensión entre Cuba y Estados Unidos escaló peligrosamente luego de que el gobierno cubano advirtiera que una agresión militar estadounidense provocaría una “catástrofe humanitaria” y un “baño de sangre” con consecuencias devastadoras para ambos países.
El canciller cubano, Bruno Rodríguez, lanzó el mensaje en medio del creciente endurecimiento del discurso de Washington contra La Habana, después de que funcionarios estadounidenses calificaran a Cuba como una amenaza para la seguridad nacional por sus vínculos con Rusia y China.
La declaración refleja el momento más delicado en la relación bilateral en décadas y revive fantasmas de la Guerra Fría, justo cuando Estados Unidos incrementa la presión económica, energética y política sobre la isla.
Rodríguez aseguró que no existe “ninguna razón ni pretexto” para que una superpotencia ataque militarmente a Cuba con el objetivo de modificar su sistema político, y advirtió que un conflicto armado dejaría miles de muertos tanto cubanos como estadounidenses.
El endurecimiento de Washington ocurre en un contexto de severa crisis energética y económica en Cuba, agravada por sanciones, bloqueos de combustible y restricciones comerciales que han generado apagones, escasez y creciente tensión social dentro de la isla.
El conflicto tomó todavía más fuerza luego de que el secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, acusara públicamente a Cuba de albergar infraestructura militar y de inteligencia vinculada con Rusia y China a escasas millas del territorio estadounidense.
En paralelo, sectores republicanos cercanos a Donald Trump han endurecido el discurso contra La Habana y mantienen presión para ampliar medidas de fuerza, incluyendo sanciones más agresivas e incluso escenarios de intervención.
La crisis ya genera preocupación internacional. Organismos y diversos gobiernos han advertido que un colapso humanitario en Cuba podría desatar una nueva ola migratoria masiva en el Caribe y provocar inestabilidad regional.
El escenario coloca nuevamente a América Latina en el centro de una disputa geopolítica global donde Estados Unidos, Rusia y China vuelven a medir fuerzas alrededor de la isla caribeña.



