Cozumel, Quintana Roo.— El aseguramiento de un kilo de cocaína en la zona oriental de la isla no es un hecho aislado ni un “recal” fortuito. Es una señal más de que las rutas del narcotráfico operan con normalidad en Cozumel, mientras la Policía Municipal y la autoridad local permanecen ausentes de los puntos críticos.
El paquete fue localizado por elementos del Ejército Mexicano durante un reconocimiento costero pedestre en las inmediaciones de Castillo Real, área donde no existen reportes recientes de patrullajes municipales, pese a ser un tramo reiteradamente señalado por pescadores y habitantes como punto de desembarque clandestino.
El sello que delata operación criminal
El envoltorio, de aproximadamente un kilogramo, portaba una calcomanía negra con el distintivo “007”, marca habitual de control de lotes utilizada por organizaciones criminales para identificar calidad, ruta o destino. No es improvisación. Es logística.
“Recale” o desembarque tolerado
La narrativa oficial suele reducir estos hallazgos a drogas arrastradas por la corriente. Sin embargo, las condiciones meteorológicas recientes y la ubicación exacta apuntan a un desprendimiento durante maniobras de transferencia en alta mar, no a un accidente. Especialistas consultados coinciden: la costa oriental de Cozumel funciona como corredor operativo para:
Transferencias en mar abierto desde embarcaciones procedentes de Sudamérica.
Resguardo temporal en puntos de baja vigilancia.
Salida rápida hacia el continente y, posteriormente, la frontera norte.
Tres décadas de impunidad en el Caribe
El Caribe mexicano lleva más de 30 años siendo utilizado como corredor transnacional. Una sola operación exitosa de dos toneladas puede valer hasta 80 millones de dólares. Bajo esa lógica, un kilo “perdido” es apenas el residuo visible de cargas mayores que sí llegan a destino.
La pregunta incómoda: ¿por qué nadie ve?
El dato clave no es el kilo asegurado por el Ejército. Es la ausencia sistemática de la Policía Municipal en los mismos tramos donde los militares sí encuentran droga. ¿Quién vigila esas playas? ¿Quién controla accesos, brechas y horarios? ¿Por qué no hay detenciones locales ni aseguramientos municipales previos?
Habitantes de la zona señalan movimientos nocturnos de lanchas rápidas, vehículos sin placas y presencia intermitente de “halcones”. Aun así, no existen informes públicos de operativos municipales ni acciones preventivas sostenidas. La omisión, en estos casos, también es una forma de complicidad.
Autoridades federales hacen el trabajo local
El paquete fue puesto a disposición de la Fiscalía General de la República para integrar la carpeta correspondiente. Otra vez, la Federación recoge lo que el municipio deja pasar.
En Cozumel, el mensaje es claro: el narcotráfico no opera a escondidas; opera donde no se le molesta. Y mientras el Ejército patrulla a pie, la autoridad municipal sigue sin explicar por qué sus playas son ruta, bodega y salida del negocio criminal.




