Antes de que me consideren periodista o algo parecido aclaro que escribo con fundamento en artículo 7 constitucional el cual dice que es inviolable la libertad de difundir opiniones, información e ideas, a través de cualquier medio.
Pues bien el tiempo cambio por completo la forma en que el Estado utilizo la difusión de sus comunicados, la relación prensa-Estado ya no será como se venía desarrollando
Los medios de comunicación, los impresos, casi todos viven de los convenios gubernamentales, aquellos que el gobierno contrata con los de mayor circulación mediante órdenes de inserción muy específicas.
De pronto todo cambió, alguien con mentalidad muy perversa se le ocurrió hacer un convenio con los medios más importantes, convenio en el que se incluyó la publicación de todos los materiales que le fueran enviando, de todo tipo, e incluso en el mismo paquete se incluyó “el cuidado de la imagen del gobierno”, o sea la compra de la conciencia de los periodistas críticos, incluyendo las difamaciones a los enemigos políticos. Ahí nació la complicidad entre dueños y directores de medios con el gobierno, los primeros para acumular grandes fortunas y los segundos para tener en los medios los cómplices que cubrieran sus espaldas.
Así es como surgen los convenios, primero con los medios más importantes y después con todos, fueran importantes o no, mediocres, hechos por pseudoperiodistas, por gente ajena completamente al oficio, y por cualquier adulador, el único requisito era elogiar en la medida de su creatividad, lo que convirtió al ejercicio periodístico en una especie de concurso para ver quién sacaba el elogio con más pompones del día.
Ahora que viene un nuevo gobierno encabezado por Carlos Joaquín, conocedor de la estructura mental de todos los dueños de los medios de comunicación (los conoce a todos), las cosas van a cambiar, que se retome el camino del respeto mutuo entre los medios, el gobierno y la sociedad que perdió su derecho a estar informada por los niveles de degradación que alcanzó el oficio, sobre todo de que se acaben los negocios externos al amparo del periodismo que enriquecieron a varios directores de medios de comunicación.
Es el momento y la gran oportunidad para cancelar esa política de prostitución de conciencias que tanto dinero le ha costado al erario estatal y tanto daño ha hecho al periodismo profesional con la presencia de charlatanes, extorsionadores, mercachifles y aduladores a sueldo que nada tienen que ver, ni se imaginan que existe, con el compromiso social de un periodista, con la ética, la moral y el profesionalismo.
Ahora con la llegada de Carlos Joaquín al gobierno los medios deben esmerarse por ofrecer a su público el mejor material, el más profesional, las notas exclusivas, los reportajes, las entrevistas, las notas de color, los artículos de fondo y las mejores columnas de comentario político escritas por especialistas que han tenido una larga carrera dentro del periodismo.



