Cancún vivió una noche de tensión, violencia y caos social luego de que un ciudadano de origen cubano, señalado por presuntamente agredir brutalmente a un mexicano, fuera trasladado bajo un fuerte operativo de seguridad a las instalaciones del Instituto Nacional de Migración (INM), en medio de amenazas de venganza que crecieron sin control en redes sociales.
El sujeto y una mujer que lo acompañaba fueron ingresados durante la noche del miércoles al complejo federal, rodeados por decenas de elementos policiacos municipales que prácticamente montaron un corredor humano para evitar que fueran alcanzados por personas enfurecidas.
La escena reflejaba el nivel de indignación que detonó el caso. El presunto agresor lucía nervioso y preocupado; vestía playera sin mangas, bermuda con rayas y tenis blancos. A su lado, la mujer que lo acompañaba mostraba desconcierto mientras ambos eran escoltados por policías preparados para contener cualquier intento de agresión.
Todo ocurrió después de que se viralizara un video relacionado con la agresión contra un ciudadano mexicano, hecho que encendió el enojo colectivo en la Supermanzana 23 y provocó una movilización espontánea de vecinos que exigían hacer justicia por propia mano.
La situación escaló rápidamente. Decenas de personas acudieron al domicilio del extranjero para buscar revancha. La vivienda terminó con daños materiales y momentos de alta tensión, mientras las autoridades desplegaban a casi un centenar de elementos para evitar un desenlace fatal.
Aunque oficialmente el hombre quedó bajo resguardo de autoridades migratorias, en la zona crece el debate sobre la falta de control, los conflictos vecinales y la incapacidad institucional para contener episodios que terminan detonando violencia colectiva.
De manera extraoficial, trascendió que el ciudadano cubano podría ser repatriado en las próximas horas a su país de origen, mientras continúan las investigaciones por las agresiones que originaron el conflicto.
El caso exhibe nuevamente el peligroso clima social que se vive en Cancún, donde la desconfianza ciudadana, la impunidad y la justicia viral en redes sociales comienzan a convertirse en una mezcla explosiva.



