Campeche.— La narrativa cambió. Bajo la presión directa del presidente estadounidense Donald Trump y ante la amenaza explícita de una acción militar unilateral contra los cárteles, el Gobierno de México activó un despliegue urgente de fuerzas armadas hacia la frontera norte, en un intento por demostrar control territorial y frenar una escalada internacional.
Cerca de 300 elementos del Ejército Mexicano, adscritos al Décimo Batallón de Infantería y a la 33ª Zona Militar en Campeche, partieron esta mañana rumbo a distintos puntos estratégicos del norte del país. La movilización se realizó por instrucciones directas del Gobierno federal, en el contexto de tensiones bilaterales crecientes y advertencias provenientes de Washington.
El contingente fue trasladado en dos vuelos comerciales Boeing 737 desde el Aeropuerto Internacional Ing. Alberto Acuña Ongay para incorporarse de inmediato a la Operación Frontera Norte, un esquema de reforzamiento militar que, hasta ahora, había sido más discurso que resultados.
El mensaje es claro: México se mueve no por convicción propia, sino empujado por la amenaza externa. Desde Estados Unidos se ha filtrado que existe una orden lista para golpear directamente a los cárteles de la droga si el Estado mexicano no actúa con contundencia, un escenario que rompe con décadas de cooperación diplomática y pone en entredicho la soberanía nacional.
Este despliegue militar busca contener no solo al crimen organizado, sino la presión política de Trump, quien ha endurecido su discurso y ha colocado al narcotráfico como un asunto de seguridad nacional estadounidense. La pregunta de fondo persiste: ¿por qué ahora sí y por qué solo cuando el ultimátum viene del norte?




