En México, portar una placa no solamente representa autoridad: también significa enfrentar amenazas, jornadas extenuantes, carencias institucionales y ataques que pueden ocurrir incluso durante los días de descanso.
Esta realidad es documentada por el Proyecto Azul Cobalto, una iniciativa independiente encabezada por el investigador y analista de seguridad Daniel Gómez-Tagle. Su propósito es recopilar, organizar y estudiar los casos de policías asesinados o fallecidos en México, así como dimensionar las consecuencias de esta violencia sobre las corporaciones y la seguridad pública.
Azul Cobalto no es un operativo gubernamental ni una corporación policial. Es una plataforma de investigación creada ante la ausencia de un registro nacional público, uniforme y suficientemente detallado sobre la mortalidad de quienes integran las instituciones de seguridad.
Una radiografía construida caso por caso
El proyecto comenzó recopilando información periodística para identificar a los agentes fallecidos, las corporaciones a las que pertenecían, los lugares donde ocurrieron los hechos y las circunstancias de sus muertes. Posteriormente incorporó información oficial y herramientas de análisis estadístico.
La plataforma reporta 4 mil 641 muertes de integrantes de la fuerza pública documentadas entre 2012 y 2026. De ese universo, 3 mil 853 corresponden a asesinatos de policías, 532 a accidentes y 131 a muertes autoinfligidas.
Los datos disponibles para 2026, con corte parcial al 27 de agosto, contabilizan 159 policías asesinados en el país, una reducción de 29 por ciento frente al mismo periodo de 2025.
Sin embargo, el indicador central continúa siendo alarmante: de acuerdo con el modelo de Azul Cobalto, un policía tendría 22.2 veces más riesgo de morir asesinado que un civil.
El proyecto estima que, de mantenerse el comportamiento observado durante el año, México podría cerrar 2026 con alrededor de 295 policías asesinados. Se trata de una proyección estadística y no de una cifra definitiva.
En lo que va de la administración de Claudia Sheinbaum, la plataforma registra más de 560 asesinatos de integrantes de distintas corporaciones. La mayor carga recae sobre las policías municipales, seguidas por las estatales, ministeriales, la Guardia Nacional, los agentes de vialidad y el personal penitenciario.
Policías municipales, el eslabón más expuesto
Los datos revelan una constante: quienes trabajan en las corporaciones municipales enfrentan la mayor vulnerabilidad.
Son los primeros en responder ante emergencias, patrullar colonias, realizar detenciones, atender conflictos comunitarios y enfrentar delitos de alto impacto. Sin embargo, frecuentemente operan con salarios bajos, equipamiento insuficiente, escasa capacitación y débiles mecanismos de protección para ellos y sus familias.
Azul Cobalto también estudia los ataques ocurridos fuera del horario laboral. Esta variable resulta relevante porque una parte considerable de los agentes es atacada durante sus descansos, cuando se encuentra sin respaldo operativo, lejos de su corporación o acompañado por familiares.
Por esa razón, los asesinatos de policías no deben verse como acontecimientos aislados. Cada agente perdido representa una afectación humana, familiar e institucional, pero también una reducción de la capacidad del Estado para enfrentar la delincuencia.
Quintana Roo: Cancún concentra la mayor violencia
En Quintana Roo, el registro histórico coloca a Benito Juárez, cuya cabecera municipal es Cancún, como el principal punto de violencia contra policías.
La base estatal documenta 47 asesinatos de integrantes de corporaciones de seguridad entre 2012 y 2024. A ellos se agregan fallecimientos por accidentes, causas naturales y una muerte autoinfligida, para alcanzar 58 registros relacionados con la mortalidad policial durante el periodo analizado.
La distribución de los 47 homicidios muestra que 20 víctimas pertenecían a policías municipales, 14 eran agentes ministeriales, cinco trabajaban en el sistema penitenciario, cuatro eran policías estatales, tres pertenecían a corporaciones federales o a la Guardia Nacional y una desempeñaba funciones de vialidad.
El comportamiento anual ha sido irregular. Quintana Roo registró nueve asesinatos de policías en 2019, la cifra más alta del periodo, nivel que volvió a alcanzarse en 2023. Durante 2024, el registro descendió a tres casos.
En 2023, de acuerdo con el modelo de exposición de Azul Cobalto, un policía de Quintana Roo tuvo 3.2 veces más probabilidades de ser asesinado que un civil en la entidad.
Benito Juárez encabeza el registro
La distribución territorial ofrece un dato contundente: Benito Juárez acumuló 24 de los 47 asesinatos documentados en Quintana Roo. Esto significa que Cancún concentró poco más de la mitad de los casos registrados en todo el estado.
En Benito Juárez fueron contabilizados diez policías municipales, siete agentes ministeriales, cuatro integrantes del sistema penitenciario, dos elementos federales o de la Guardia Nacional y un policía estatal.
Después aparecen Playa del Carmen —identificada en la base histórica como Solidaridad— con ocho casos; Othón P. Blanco con seis; Tulum con cinco; Bacalar con dos, e Isla Mujeres y Felipe Carrillo Puerto con uno cada uno.
Estas cifras deben interpretarse dentro del periodo cubierto por la plataforma. No representan necesariamente la totalidad absoluta de los casos ocurridos, sino aquellos que pudieron ser identificados, documentados y clasificados mediante información oficial y periodística.
El desafío particular del Caribe Mexicano
Quintana Roo enfrenta condiciones especiales. Su acelerado crecimiento poblacional, la expansión urbana, la movilidad constante, el turismo internacional y la disputa criminal por mercados ilícitos aumentan la presión sobre las corporaciones de seguridad.
Cancún concentra buena parte de esa complejidad. En un mismo territorio conviven zonas hoteleras de alcance mundial, colonias con crecimiento desordenado, áreas comerciales, terminales de transporte y comunidades con demandas crecientes de seguridad.
Esta combinación obliga a los policías a responder ante fenómenos muy distintos: violencia familiar, robos, accidentes, conflictos vecinales, desapariciones, narcomenudeo y delitos relacionados con estructuras criminales de mayor capacidad.
La estadística de Azul Cobalto permite advertir que el fortalecimiento policial no puede reducirse a comprar patrullas o aumentar operativos. También requiere condiciones laborales dignas, capacitación, inteligencia, controles internos, atención psicológica, protección familiar, salarios suficientes y mecanismos de seguimiento para los agentes amenazados.
Contar a quienes también protegen
El principal aporte del Proyecto Azul Cobalto consiste en hacer visible un problema que durante años permaneció disperso entre comunicados oficiales y notas periodísticas.
Registrar el nombre, la corporación y las circunstancias de cada muerte permite reconocer que detrás de las cifras existen familias desprotegidas, instituciones debilitadas y comunidades que pierden capacidad de respuesta.
En Quintana Roo, los datos colocan a Cancún en el centro de la discusión. No basta con destacar la reducción observada durante determinados años; también es necesario revisar por qué Benito Juárez concentra más de la mitad de los asesinatos policiales documentados en la entidad y qué medidas se aplican para proteger a quienes diariamente salen a las calles.
Azul Cobalto plantea una conclusión difícil de ignorar: cuando un país no puede proteger adecuadamente a sus policías, también disminuye su capacidad para proteger a la ciudadanía.




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