Un caso que ha desatado indignación y repudio social estalló en el Estado de México, luego de que la Fiscalía estatal iniciara una investigación por presunto maltrato animal tras el sacrificio masivo de perros en Tecámac, hecho por el que hoy queda bajo fuerte señalamiento la senadora de Morena, Mariela Gutiérrez Escalante.
La polémica no solo exhibe una práctica brutal contra animales en situación de calle, sino que también coloca en el centro del escándalo a una figura política que ahora enfrenta el peso de una denuncia pública por decisiones tomadas desde el poder.
Videos, testimonios y señalamientos han encendido la exigencia ciudadana de que se esclarezca si detrás de estas acciones existió una política sistemática de eliminación de animales bajo supuestos argumentos de control poblacional, sin respeto por la vida ni certeza sobre procedimientos legales, éticos o veterinarios.
La gravedad del caso rebasa cualquier intento de justificación administrativa. Aquí no se habla de un hecho menor, sino de una práctica que habría implicado la muerte de miles de perros, en un contexto donde la autoridad tenía la obligación de proteger, no de exterminar.
El escándalo golpea de lleno porque la presunta responsabilidad apunta a una representante de Morena, partido que presume principios humanistas mientras uno de sus cuadros queda vinculado públicamente a hechos que para muchos constituyen crueldad institucional.
Aunque la senadora ha intentado defender las acciones, la presión social crece ante una pregunta que sigue sin respuesta convincente: si realmente hubo un procedimiento legal y humanitario, ¿por qué el caso terminó convertido en una investigación penal y en un escándalo nacional?
Más allá del discurso político, lo que hoy indigna es la imagen de una autoridad señalada por permitir o impulsar una práctica que para amplios sectores de la sociedad representa abuso, deshumanización y desprecio por la vida animal.
La investigación tendrá que determinar responsabilidades concretas, pero el señalamiento político ya está hecho y es demoledor: una senadora de Morena quedó bajo sospecha por un caso que huele más a exterminio que a política pública.




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