El gobierno de Estados Unidos elevó la presión internacional contra el crimen organizado al anunciar una recompensa de 5 millones de dólares por cada uno de los hermanos René Arzate García (“La Rana”) y Alfonso Arzate García (“Aquiles”), considerados piezas clave del Cártel de Sinaloa en la plaza de Tijuana.
De acuerdo con autoridades estadounidenses, los Arzate han operado durante más de una década como jefes de tráfico de fentanilo y drogas sintéticas hacia Estados Unidos, controlando rutas, sobornando autoridades y ejecutando operaciones violentas para mantener su dominio territorial. Ambos son señalados como líderes de alto nivel dentro de la estructura del cártel.
El anuncio forma parte de una estrategia más amplia del gobierno estadounidense para frenar el flujo de fentanilo, catalogado como una amenaza de seguridad nacional por su papel en la crisis de opioides que afecta al país. En esta campaña, Washington ha apuntado directamente a los operadores financieros y logísticos del Cártel de Sinaloa, buscando desmantelar su capacidad de producción, tráfico y lavado de dinero.
René y Alfonso Arzate enfrentan acusaciones formales por narcotráfico internacional, conspiración y lavado de dinero ante cortes federales de Estados Unidos, donde sus expedientes permanecen abiertos desde hace varios años. Las agencias de seguridad consideran a los hermanos como objetivos prioritarios dada su relevancia operativa en la frontera norte y su papel en el envío de grandes cargamentos hacia California.
Con esta recompensa, que suma un total de 10 millones de dólares, Estados Unidos busca obtener información que permita su captura, reforzando la coordinación binacional para debilitar a las cúpulas del Cártel de Sinaloa y avanzar en la contención del tráfico de fentanilo hacia su territorio.
El anuncio representa un nuevo capítulo en la lucha internacional contra el narcotráfico, marcando una ofensiva directa contra una de las facciones más poderosas y violentas del crimen organizado mexicano.



