Playa del Carmen.– La ola de violencia que desde hace años desfigura a Tulum ya no se queda dentro de sus límites. La incapacidad institucional del noveno municipio para contener a sus propios grupos criminales está provocando un efecto de desbordamiento: sicarios, reos y ajustes de cuentas están explotando ahora en Playa del Carmen, que carga con la factura de un modelo de seguridad roto.
El asesinato de Katherin Coreysi “N”, ocurrido el viernes por la tarde en el fraccionamiento Palmas II, es el ejemplo más reciente y brutal de esta exportación de violencia.
EJECUCIÓN FRENTE A UN MENOR: LA VIOLENCIA QUE YA NO SE OCULTA
A las 17:30 horas, Katherin, de 27 años, salió de su domicilio para dirigirse al Centro de Retención Municipal de Playa del Carmen, donde cumpliría una visita conyugal. Vestía la playera roja establecida por el reglamento interno. En el asiento trasero viajaba su hijo de 10 años.
No avanzó mucho. Un hombre de tez morena y complexión delgada se acercó a su vehículo Ford azul y disparó dos veces: un impacto en el brazo izquierdo y otro en el cuello que le arrebató la vida al volante. El menor resultó ileso físicamente, pero presenció cada segundo del ataque.
EL VÍNCULO QUE APUNTA A TULUM: “EL YANKI”
La víctima era pareja de Adán Moisés “N”, alias “El Yanki”, uno de los criminales más peligrosos que han operado en Tulum. Actualmente enfrenta proceso por su presunta participación en la masacre del bar La Malquerida (20 de octubre de 2021), donde dos turistas perdieron la vida y tres personas más resultaron heridas en medio de un fuego cruzado entre bandas rivales.
Su captura dejó en evidencia el poder de fuego con el que operaba:
– 22 armas cortas
– 3 armas largas
– Más de 3,700 cartuchos
– 16 kilos de cocaína
Paradójicamente, aunque los delitos fueron cometidos en Tulum, “El Yanki” está recluido en Playa del Carmen porque su municipio no tiene cárcel.
EL ORIGEN DEL DESBORDAMIENTO: TULUM, UN MUNICIPIO SIN HERRAMIENTAS
En mayo, Tulum cumplirá 18 años como municipio. Sin embargo, la mayoría de sus problemas siguen dependiendo de otras demarcaciones:
- Sin centro penitenciario. Cada detenido de alta peligrosidad termina trasladado a Playa del Carmen, convirtiendo su penal en un imán de ajustes de cuentas.
- Sin hospitales de segundo nivel. Cualquier herido de bala de Tulum es atendido en hospitales playenses, aumentando el riesgo de rescates y remates.
- Sin infraestructura básica suficiente. Seguridad, residuos, desarrollo urbano y servicios públicos funcionan con parches mientras la población crece sin control.
Esta carencia institucional no es nueva: arrastra años de abandono, malas decisiones y gobiernos enfocados más en negocios inmobiliarios que en construir capacidades reales para contener el crimen.
PLAYA DEL CARMEN PAGA LA FACTURA QUE TULUM NO QUIERE PAGAR
La ejecución de Katherin Coreysi confirma una realidad incómoda: la violencia de Tulum ya no cabe en Tulum.
Mientras la zona hotelera presume un “paraíso eco-chic”, la estructura de seguridad del municipio es tan débil que sus conflictos terminan explotando en Playa del Carmen. Lo ocurrido en Palmas II no es un caso aislado: es el síntoma claro de que un municipio sin cárcel, sin hospitales, sin planeación y sin control territorial solo puede exportar sus problemas.
Hasta que Tulum no asuma su responsabilidad institucional, la frontera entre ambos municipios seguirá siendo un límite imaginario para la ley, pero muy real para las balas.





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