Cancún.- A diferencia de unos años atrás, hoy no podemos hablar de censura por parte de las fuentes que cubre cada reportero, pues las redes sociales son un canal de divulgación de cualquier actividad, hecho o circunstancia que sucede en la comunidad.
Más bien, hoy lo que existe es autocensura por parte de algunos medios de comunicación, pues si bien es cierto que el reportero “lleva la nota”, en ocasiones la dirección editorial o los dueños de dichos medios no deciden divulgarla.
Sin embargo, el papel del comunicador es importante, pues como dice el filósofo René Drucker Colín, “Una sociedad bien informada toma mejores decisiones”, de ahí la responsabilidad de los medios de ser objetivos y con información de utilidad para la comunidad, independientes en su línea editorial, pero que no se autocensuren.
Aunque es verdad que la mayoría de los Estados garantizan el derecho “de libertad de expresión” en sus constituciones, las excepciones relativas a la “protección” de las sensibilidades políticas, económicas, culturales o religiosas rebaja ese noble lenguaje. Además, los códigos penales criminalizan la difamación, el libelo, el insulto, la blasfemia y otros discursos que limitan la expresión y alimentan la autocensura. Los periodistas independientes y de la oposición son los que más sufren ataques y se ven sometidos a procesos legales. Incluso si un tribunal termina revocando las sentencias de cárcel, a menudo mantiene unas elevadas multas que paralizan económicamente los medios.
Si bien es cierto que hoy la labor de divulgar ya no corresponde exclusivamente a periodistas, también es cierto que muchos de esos informadores no deben ser calificados como tales, pues esta profesión tiene técnica, se basa en la ética, tiene fundamentos en el método de investigación científica.
En el marco del Día de la Libertad de Expresión, Ana Cristina Ruelas, directora de “Article 19”, expone los pendientes para el ejercicio y la garantía plena de este derecho, entre los que resalta las agresiones y asesinatos a periodistas, que tienen como consecuencia la autocensura.
Expresa que “Sin libertad de expresión ni acceso a la información, no habrá democracia y en ningún momento los ciudadanos podremos participar”.
También menciona la restricción mayor a la información de interés público y la necesidad de la correcta implementación de Ley General de Transparencia, por lo que hace un llamado al gobierno mexicano a reflexionar acerca de su obligación en la garantía de este derecho.
La lucha entre la prensa y las fuentes es que la primera siempre está “a la caza” de los errores que cometan las segundas, en espera que se revele tal o cual corrupción en la forma de gobierno; hoy con el “boom” de las redes sociales, algunos quieren ganar en tiempo sin certificar la verdadera noticia, se perdió el espíritu de confirmar la fuente.
Con este nuevo gobierno, las cosas no son tan diferentes, los medios afines reciben “las primicias” de las notas importantes, la línea editorial contra los adversarios, aunque ahora la petición llega de manera sutil y fina, no tan burda como en las anteriores administraciones.
Luego entonces, ¿dónde está la libertad de expresión?, ¿dónde al respeto que se le debe tener al periodista?, ¿dónde quedó la ética y objetividad?, son preguntas que deben responder tanto las fuentes, como quienes las cubren.
Hoy, decidimos llevar este tema, de la autocensura, sea por seguridad o por intereses, pero es un fenómeno que crece a pasos agigantados.



