Como parte de la fusión criminal del Cártel de Jalisco Nueva Generación con el grupo de “Los Talibanes” y para fortalecer su poderío, reposicionarse o recuperar la plaza, principalmente las ciudades de Cancún y Playa del Carmen, esperaban ya un arsenal de más de 150 armas, entre ellas fusiles R-15 y AK-47 “cuernos de chivo”, lanzacohetes y lanzagranadas. A esto se suma la presencia de más de 70 sicarios y miembros del crimen organizado que arribaron a Cancún hace poco más de un mes, quienes se instalaron en este destino y que incluso realizaron recorridos en la zona hotelera para detectar los puntos de venta de drogas, como parte de la estrategia criminal que comenzaron a desplegar.
La presencia de estos delincuentes obedece al repliegue que tuvieron en Veracruz y Tabasco, tras su enfrentamiento con miembros de “Los Zetas”.
A raíz de la detención de Juan Daniel Velázquez Caballero (a) “El Talibancillo” en abril del año pasado, el grupo delictivo que comandaba quedó bajo el mando de María Teresa González Rodríguez (a) “La Gorda” y/o “La Tía”, aun cuando ésta también fue detenida.
Este grupo conocido como “Los Talibanes”, es producto de la división que generó el Cártel de Los Zetas, en donde una gran parte reingresó al Cártel del Golfo y muchos más se concentraron en las filas de Juan Daniel Velázquez Caballero (a) “El Talibancillo”, hermano de Iván Velázquez Caballero (a) “El Talibán”.
“Los Talibanes” se reagruparon luego de que se vieron traicionados por el Cártel de Los Zetas, dirigidos por Miguel Ángel Treviño (a) “Z-40”, luego de que la narcocélula del Cártel del Golfo los hizo a un lado, cuando en la plaza de Cancún le “pusieron el dedo” a Juan Daniel Velázquez Caballero lo que derivó en su detención.
Con ello, propiciaron el crecimiento y fortalecimiento de Leticia Rodríguez Lara (a) “Doña Lety”, quien emerge como líder del Cártel de Cancún y con ello obligó al dispersamiento del grupo de “Los Talibanes”, quienes se vieron obligados a soltar la plaza de la zona norte del Estado.
Tras estos cambios en la estructura criminal que dominaba la plaza, el grupo de “Los Talibanes” buscó acercamiento y negoció con el Cártel de Jalisco Nueva Generación, en manos de Nemesio Oseguera (a) “El Mencho”, en donde la familia Velázquez Caballero buscó una alianza que derivó en la fusión de ambos grupos criminales.
Para ello, María Teresa González Rodríguez fungió como mediadora, ofreciendo y comprometiéndose a apoyar al Cártel de Jalisco Nueva Generación, primeramente para fortalecer su presencia en Veracruz y Tabasco, pero con la condición de recuperar la plaza de la zona norte de Quintana Roo, especialmente Cancún y Playa del Carmen.
Como parte de esta estrategia, la operación dio comienzo y se designó a la ciudad de Mérida, como primer punto de asentamiento para los líderes del grupo delictivo, además radicarían con tranquilidad utilizando otros municipios de ese estado, con el objeto de pasar desapercibidos y con ello, facilitar estrategias para operar e ingresar a Cancún y Playa del Carmen; todo con el firme objetivo de recuperar la plaza.
Con ese primer movimiento, se derivan las ejecuciones de 11 personas en Cancún, de las cuales muchas de ellas estaban en la narcocélula que dirige “Doña Lety”.
Para desarrollar las acciones criminales se registró la llegada de un grupo criminal de más de 70 sujetos. Sin embargo, las corporaciones policíacas de los tres niveles de gobierno nunca se preocuparon por ello e incluso, negaron e ignoraron la llegada de este grupo.
Como parte de esta operación delictiva, María Teresa González Rodríguez se fue identificando como el cerebro o brazo operativo de “Los Talibanes”, pues al mismo tiempo se identificaba como la cuñada de Iván Velázquez Caballero (a) “El Talibán” y con ello, coordinó el posicionamiento de la narcocélula del Cártel de Jalisco Nueva Generación.
Ella fue quien abrió el camino para los más de 70 delincuentes, pues se encargaba de acomodarlos en grupos de cuatro personas para pasar desapercibidos.
Con ello iniciaron los ajustes de cuentas y la cadena de ejecuciones que hasta el momento ha acumulado 11 asesinatos, de los cuales la mayoría fueron en el mes de marzo.
Lo anterior va ligado a la captura de los 16 miembros del Cártel de Jalisco Nueva Generación, quienes en sus primeras declaraciones “sólo han reconocido la ejecución del ex policía tamaulipeco Jesús Ignacio Báez Enríquez”.
Este ex elemento policíaco que operaba como chofer y escolta de un empresario, se infiltró en las filas del Cártel de Jalisco Nueva Generación y a su vez, proporcionaba información de los movimientos de esta narcocélula a la Policía Judicial del Estado (PJE) y a la Secretaría Estatal de Seguridad Pública e incluso, hasta a personal del Ejército y la Marina.
Sin embargo, su infiltración quedó al descubierto y fue ejecutado de un balazo en la cabeza el pasado 29 de marzo en la colonia El Pedregal, después de haber sido torturado en una casa de seguridad del fraccionamiento Villas del Caribe en la Supermanzana 14.
Como reflejo de su infiltración en el grupo delictivo, tras su ejecución fue fácil poder ubicar a parte del grupo que lo había asesinado y con ello se derivó el operativo en el restaurante bar “La Cabaña”, en donde fueron detenidos parte de la narcocélula.
De acuerdo con informes de inteligencia, la operación criminal iniciada por el Cártel de Jalisco Nueva Generación con el grupo de “Los Talibanes” se encontraba en espera de un cargamento de más de 150 armas de grueso calibre, entre ellos rifles R-15, “cuernos de chivo”, y se dice que hasta lanzacohetes, lanzagranadas; similares a los utilizados para derribar helicópteros artillados como sucedió en el estado de Jalisco, base criminal de operaciones del Cártel de Jalisco Nueva Generación.
Como parte de las primeras acciones que desarrollaron fue la recuperación de la plaza de Playa del Carmen, tras el debilitamiento de la narcocélula que opera Oswaldo Trejo Peña (a) “Comandante Zorro”, ante las disputas que mantiene con el grupo criminal del Cártel de Cancún en manos de “Doña Lety”, quien le impide extender sus operaciones en esta ciudad.
Entre las otras acciones que ha realizado la fusión de las narcocélulas en Playa del Carmen, se encuentran las extorsiones a empresarios y dueños de negocios de la populosa Quinta Avenida, calle 12, entre otras; como se refleja en denuncias ciudadanas que señalan a miembros del Cártel de Jalisco Nueva Generación y “Talibanes”, como responsables de este delito.
La exigencia va de 10 mil hasta los 50 mil pesos, dependiendo el tipo y giro del negocio.
Esta misma actividad criminal se extiende a Cancún, sobre todo en locales que rodea la zona de la Plaza de Toros, con la amenaza de que quienes no acepten la narcocuota o la venta de droga en sus negocios, serán “levantados” o secuestrados.
Con todo ello, el avance de este fortalecido grupo criminal conlleva en una alerta entre corporaciones policíacas, pues aun con el repliegue que enfrentaron esta semana, se han visto obligados a replantear su estrategia para recuperar la plaza, pasando por encima del Cártel de Cancún que dirige Leticia Rodríguez Lara (a) “Doña Lety”, de quien se dice; se vio obligada a salir del estado para solicitar respaldo criminal en el estado de Morelos, particularmente con el Cártel de “Los Rojos”, que son una escisión del Cártel de los Beltrán Leyva.
Sin embargo, aún se desconoce el alcance de estas negociaciones criminales que encabeza “Doña Lety”, pero lo que es un hecho, es que los efectos de esta batalla criminal que mantiene el grupo Cártel de Jalisco Nueva Generación-Talibanes, amenaza con dejar una estela sangrienta de ejecuciones ante la desmedida ambición por la plaza que ahora enfrenta a María Teresa González Rodríguez (a) “La Tía”, contra Leticia Rodríguez Lara (a) “Doña Lety”.
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