La discusión de la reforma política en Quintana Roo parece no avanzar, aunque las pláticas se supone que sigue. Aun así, parece claro que la postura que ya muestra la anuencia de la mayoría de las principales fuerzas políticas de Quintana Roo es que los próximos alcaldes de los diez municipios quintanarroenses durarán en su encargo tan sólo dos años, y muy probablemente también los diputados, en una medida que, ciertamente, homologará elecciones, pero no hará más baratos los comicios.
La discusión de la reforma política ha aminorado en el nivel de debate, dado que las campañas políticas ocupan por ahora las primeras planas y los primeros esfuerzos de los partidos, pero seguramente en la etapa final de la discusión, el tema mismo de la homologación de las elecciones seguramente entrará como tema de agenda en las campañas –faltaba más.-
Muchos otros temas contiene la reforma, reelección, paridad de género, porcentajes mínimos a alcanzar en las votaciones para mantener el registro; pero la homologación de las elecciones es el tema central, porque como se ha expuesto en este espacio, los actores políticos ven en esa acción la posibilidad de hacerse o de perder el poder, de ahí que insistan unos en que la elección de gobernador también se homologue, y el Partido Revolucionario Institucional (PRI) se niegue a ello.
Recapitulemos, el Partido Acción Nacional (PAN) propone homologar elecciones de alcaldes y diputados en 2016, para que tengan un periodo de dos años y en 2018, cuando habrá proceso electoral federal de nuevo, se renueven esos cargos nuevamente; pero además plantea que el siguiente gobernador tenga un periodo de 5 años, para que en 2021 esta elección se homologue con las federales y así “alinear” todos los comicios.
Los demás partidos de oposición plantean que todos los cargos que sean renovados en 2016, es decir, la gubernatura, las presidencias municipales y las diputaciones, sean por dos años y ya en 2018 haya elecciones completas de nuevo; y el PRI hasta ahora ha accedido en todo, menos en homologar la gubernatura con las elecciones federales. El factor de “arrastre” de la tendencia nacional, perciben los actores, puede hacer perder o ganar.
Por lo pronto queda claro que la norma sólo obliga a homologar “al menos una” elección, y aunque los partidos políticos han establecido un cronograma de trabajo que concluye el 31 de mayo –ese día termina también el actual periodo de sesiones en el Congreso del Estado-, el tema irreductible es el ya planteado, y será el que tense las negociaciones, así que muy probablemente las discusiones llegarán más allá de septiembre de 2015, en el segundo periodo ordinario, pues el plazo límite para la aprobación de la reforma política es el mes de diciembre de este año.
Así que, mientras las campañas se desarrollan, los partidos políticos afinan también la normatividad que sentará las bases de la competencia por el poder en los próximos años en Quintana Roo, y por eso vale la pena estar atento al desarrollo de las discusiones, pues son estos temas los que transforman de fondo la correlación de fuerzas, políticamente hablando, y no será nada sencillo arribar a acuerdos, menos si partimos del principio de que el poder no se cede, se arrebata.
Como se ha planteado antes en esta columna, no debe perderse perspectiva en el tema; pues la norma al final será aprobada en el Congreso local, ahí el PRI tiene una aplastante mayoría, tanto por el número de votos como por el intrascendente papel de los opositores, que por momentos son más “orgánicos” que los llamados oficialistas; así que al final la mesa de discusión parece darle al PRI el cariz de legitimación al proyecto que ya se construye, aunque al final ceda sólo lo que quiera, y mantenga también lo que le convenga. Ojalá fuera en favor de la democracia, pero sólo será en favor de los partidos; así se observa desde aquí, A Tiro de Piedra. Nos leemos en la próxima.



