Petróleos Mexicanos (Pemex) decidió dar marcha atrás a su plan de enviar un cargamento de petróleo crudo a Cuba este mes, al retirar el embarque de su calendario oficial de exportaciones. La decisión ocurre en un momento en el que Washington incrementa la presión política y diplomática sobre la isla, particularmente respecto al apoyo energético que recibe de gobiernos aliados.
El envío, que se mantenía programado como parte de la asistencia que México ha brindado a Cuba en los últimos años, fue eliminado sin explicación pública, aunque fuentes federales reconocen que la tensión con Estados Unidos por la relación energética con La Habana se ha intensificado en las últimas semanas.
La cancelación representa un viraje significativo, considerando que los suministros mexicanos de crudo y combustibles han sido clave para la operación de termoeléctricas cubanas en medio de su permanente crisis energética. La decisión también deja entrever un cálculo geopolítico más cuidadoso por parte del gobierno mexicano, que busca evitar fricciones adicionales con la administración estadounidense.
Mientras tanto, en Cuba la reducción de apoyos energéticos extranjeros podría agravar los constantes apagones que se viven en la isla. Analistas consultados advierten que este giro de Pemex abre un nuevo capítulo en la relación bilateral México–Cuba y refleja el peso real de la presión norteamericana en las decisiones estratégicas del sector energético mexicano.
El gobierno federal no ha emitido postura oficial. Sin embargo, en círculos diplomáticos se reconoce que Washington mantiene la lupa sobre cualquier maniobra que fortalezca al régimen cubano, y que México está calibrando sus movimientos para evitar tensiones en otros frentes comerciales y de seguridad.




