Ciudad de México. Una protesta en “brazos caídos” por parte de trabajadores del Servicio de Administración Tributaria (SAT) ya interrumpe trámites presenciales en oficinas del fisco. La causa: demandas acumuladas por precarización laboral, sobrecarga de trabajo y falta de reconocimiento real.
Los afectados: ciudadanos que acudieron para tramitar documentación, presentar declaraciones o gestionar asuntos fiscales, incluso provenientes de otros estados. Muchos se encontraron con ventanillas cerradas o atención suspendida.
Los empleados del SAT denuncian que han sido ignoradas sus peticiones de mejores condiciones: prestaciones recortadas, ausencia de aumentos salariales, asignaciones arbitrarias de plazas y una carga de trabajo insostenible. En respuesta, amagaron con una paralización formal si sus exigencias no son atendidas.
En un acto simbólico y efectivo, activaron la protesta sin cerrar formalmente el sindicato ni convocar paro general: dejaron de realizar trámites administrativos de forma presencial, lo que significa una paralización parcial pero palpable del aparato fiscal.
El conflicto escaló cuando los empleados presentaron un pliego petitorio al Jefe del SAT, exigiendo que su voz sea reconocida. La decisión de “brazos caídos” no es casualidad: patrón y autoridad fiscal se han mostrado reacios a negociar con seriedad y ante la presión, los trabajadores respondieron.
Esta huelga tácita es un llamado urgente: el Estado no puede negar a sus empleados condiciones dignas ni ignorar el desgaste estructural de una institución clave para la recaudación. Si el SAT se resiente por dentro, todo el sistema tributario queda vulnerable.
El reclamo no es menor: exige que la autoridad escuche, responda y actúe ya, antes de que la crisis laboral se traduzca en fracturas mayores a los servicios públicos esenciales.



