El dirigente nacional de la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (CROC), Isaías González Cuevas, habló públicamente sobre el asesinato de Mario Machuca Sánchez, ocurrido el pasado 4 de agosto en Cancún, y aseguró que el líder sindical no había reportado amenazas en su contra ni expresó temor por su vida.
“No teníamos enemigos de ese tamaño”, declaró González Cuevas, al subrayar que Machuca nunca refirió sentirse en riesgo. El líder nacional apuntó que el crimen ha sorprendido al sindicato a nivel nacional, ya que el también exdiputado federal era considerado un operador político con trayectoria sindical sólida y sin antecedentes de enfrentamientos con grupos de alto poder.
Respuesta a divisiones internas
González Cuevas también respondió a las declaraciones recientes de Salvador Ramos Bustamente, fundador de la CROC en Quintana Roo, quien sugirió que el asesinato de Machuca estaría ligado a pugnas internas. El dirigente nacional calificó tales afirmaciones de “infundadas” y, en un tono crítico, desestimó la postura del veterano líder al señalar que se trata de opiniones propias de alguien con “una condición senil”.
Crimen de alto impacto
El homicidio de Machuca, ocurrido en pleno centro de Cancún, continúa bajo investigación de la Fiscalía General del Estado y la Fiscalía General de la República. Su ejecución a plena luz del día desató especulaciones sobre posibles móviles, entre ellos la disputa de intereses políticos y sindicales, aunque hasta el momento las autoridades no han ofrecido una línea clara de investigación ni presentado avances sólidos.
Un golpe al sindicalismo en Quintana Roo
Mario Machuca, quien además de dirigente sindical fue diputado federal por el Partido Verde Ecologista de México, era una figura clave en la política local y en la representación de la CROC en la zona turística. Su muerte ha dejado un vacío de liderazgo en una de las organizaciones laborales más poderosas de Quintana Roo.
Las declaraciones del líder nacional buscan enviar un mensaje de calma y deslindar a la central obrera de cualquier vínculo con conflictos que pudieran derivar en el crimen. Sin embargo, la falta de respuestas oficiales y las pugnas internas reveladas públicamente dejan al descubierto la fragilidad y el reacomodo político-sindical que enfrenta la CROC tras el asesinato de uno de sus principales dirigentes.



