Ciudad de México.— Una de las declaraciones más delicadas sobre el reacomodo del crimen organizado en México surgió desde el propio gabinete federal de seguridad. El secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, reconoció que existen investigaciones que apuntan a una presunta relación de apoyo entre el líder del Cártel Jalisco Nueva Generación y una facción identificada como Los Chapitos.
De acuerdo con lo expuesto por el funcionario, el vínculo habría consistido en financiamiento y respaldo operativo mediante el envío de personal armado hacia zonas del sur de Sinaloa, en un contexto marcado por disputas internas y reposicionamiento territorial entre estructuras criminales.
La declaración representa uno de los reconocimientos públicos más directos sobre la posibilidad de alianzas temporales entre organizaciones tradicionalmente consideradas rivales, una dinámica que especialistas en seguridad han señalado como una estrategia recurrente para conservar rutas, influencia y control regional.
Según la versión oficial, esa relación ya no estaría activa y hasta ahora las autoridades no han reportado indicios que permitan afirmar que continúe vigente.
El señalamiento ocurre en medio de una etapa de presión institucional contra grupos del narcotráfico y de una creciente fragmentación dentro de estructuras criminales de alcance nacional, donde las alianzas coyunturales han comenzado a modificar el mapa de operación en distintos estados del país.
Hasta el momento no se han anunciado nuevas acciones judiciales derivadas exclusivamente de estas declaraciones; sin embargo, el reconocimiento abre nuevamente el debate sobre el nivel de penetración, coordinación y capacidad logística que mantienen las organizaciones criminales en México.




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