Apenas la semana pasada, Javier Chávez escribía sobre la vulnerabilidad de los compañeros periodistas en sus condiciones laborales, y destacaba dos casos en particular, el de Jorge Cruz y el de Enrique Lizama Cornelio. El amigo Jorge se recupera poco a poco de la operación a que fue sometido. A Enrique lo enterramos este martes.
Por muy ingrato que parezca, no suelo acudir a sepelios, no soporto ver a mis amigos tendidos por última vez, prefiero recordarlos vivos. A mi compa Enrique lo recordaré como la última vez que convivimos, apenas el 24 de marzo, en el primer aniversario de nuestra agrupación, Periodistas del Caribe. Siempre nos reímos, siempre con tequila, siempre nos unió ese gusto.
Y en ese contexto es que me atrevo a opinar sobre un tema en el que, hasta ahora, había preferido no participar, porque me parecía –y sigue pareciendo- que existen demasiados intereses en favor y en contra, y no necesariamente enfocados en el mejor sentido; y me refiero a la iniciativa existente para la aprobación de una ley para defensa de los periodistas.
El tema es difícil de abordar, pero lo cierto es que el proyecto que desde hace dos años impulsan Graciela Machuca,y Javier Chávez, actualmente en su calidad de presidente de Periodistas del Caribe; si se suma adecuadamente a la que ha propuesto el Ejecutivo estatal, pudiera representar un invaluable apoyo para compañeros que han encontrado en la enfermedad su peor desgracia, y en la convalecencia el riesgo de perder lo poco que se posee.
A Enrique lo recordaré siempre en aquellas memorables contertulias en mi casa, con Gonzalo Hermosillo, con Edgar Pulido (QEPD), pero la actual situación me recuerda también que algo tendremos que hacer para reducir la vulnerabilidad a la que, efectivamente, estamos expuestos, pues también recuerdo la angustia del compa Enrique, cuando el año pasado intentaba desesperado vender una casa que poseía en Cancún, para poder sobrellevar el día a día.
La ley de periodistas no resolverá –indudablemente- todos los problemas del gremio, ni debiera tampoco suplir el incumplimiento patronal de seguridad social, pero sin duda si existiera, la tranquilidad existiría en las familias de los compañeros que se van, y que a la postre son tan sólo recordados como buenos colegas, sin contemplar que sus familias siguen luchando en este mundo.
A la familia de mi compa Enrique, a Colinas, su hermano, vaya mi más sentido pésame. A quienes buscan crear la ley de defensa para periodistas, mi voluntad de apoyar; y a todos los colegas, mi más sincero exhorto para hacer de la solidaridad una constante; así se observa desde aquí, A Tiro de Piedra. Nos leemos en la próxima. Adiós Enrique…



