Ciudad de México.– La Suprema Corte de Justicia de la Nación volvió a protagonizar una jornada que deja más dudas que certezas sobre su solidez institucional. Retiro de proyectos de última hora, protestas que alteraron la agenda del Pleno y un error elemental en el conteo de votos exhibieron a la llamada “Tremenda Corte” como un tribunal que tropieza consigo mismo.
En una sola sesión, el máximo órgano judicial decidió retirar cuatro proyectos altamente controvertidos, algunos de ellos relacionados con aseguramientos de bienes sin orden judicial y otros vinculados con desalojos. La decisión no obedeció a una reflexión jurídica madura, sino a la presión generada por manifestaciones y críticas públicas que obligaron a los ministros a dar marcha atrás.
Más allá del retiro de los asuntos, el episodio más grave fue la pifia en la votación de un proyecto, que inicialmente fue anunciado como aprobado pese a no contar con la mayoría requerida. El error quedó expuesto en plena transmisión oficial, forzando a la Corte a rectificar y reconocer que el proyecto había sido rechazado. Un fallo básico, impropio de un tribunal que presume rigor técnico y precisión jurídica.
Este cúmulo de equivocaciones no es menor. La SCJN no es un órgano administrativo cualquiera: es la última instancia para la defensa de derechos constitucionales, la que define límites al poder y marca el rumbo legal del país. Si no puede sostener proyectos en su agenda ni contar votos correctamente, la credibilidad de sus resoluciones queda seriamente comprometida.
El mensaje hacia la sociedad es preocupante. La imagen que se proyecta es la de una Corte reactiva, presionada y desordenada, más pendiente del costo político de sus decisiones que de la consistencia jurídica de sus criterios. En lugar de liderazgo constitucional, se observa titubeo; en lugar de certeza, improvisación.
Las protestas externas no deberían dictar la agenda del máximo tribunal, ni los errores internos deberían corregirse sobre la marcha como si se tratara de un ensayo. Cada decisión de la SCJN impacta directamente en millones de personas, en su patrimonio, en sus derechos y en su confianza en la justicia.
La Tremenda Corte volvió a tropezar. Y el problema ya no es el error aislado, sino la repetición de fallas que alimentan una pregunta incómoda:
¿Está la Suprema Corte a la altura de la responsabilidad histórica que le corresponde?




