Siempre hay manera de hacer las cosas bien. Y muchas de hacerlas mal. El delegado de este organismo en Quintana Roo, es un claro ejemplo de inoperancia y torpeza.
Si hay un responsable del enredo en el que está sumergido el proyecto que debía desarrollarse allí, es este funcionario.
Porque todos los proyectos que se realizan en terrenos vendidos por este fideicomiso están sujetos a un reglamento, además desde luego de todas las demás disposiciones legales que tienen jurisdicción, como Semarnat en lo que respecta a la legislación ambiental, el ayuntamiento en el caso de la licencia de funcionamiento, entre otros.
Si lo desarrolladores cumplieron, como afirma Fonatur ahora desde sus oficinas centrales, el delegado debió detectar oportunamente la resistencia que habría por parte de ecologistas (informados o no, infiltrados o no), incluso los intereses políticos que despertaría en pleno proceso pre-electoral. Para hacer algo.
No hubo ninguna campaña informativa antes de que arrancaran las obras. El delegado no salió nunca a defender su parte, como representante del organismo y su posición como vendedora de los predios. Menos aún se supervisó realmente si se habían cumplido las disposiciones de Semarnat, como la reubicación de flora y fauna, que era obligatoria. Y por cierto, se sabe también que junto con esa reubicación, procede un Seguimiento de Condicionantes en forma de un reporte mensual, lo cual se ha pasado por alto completamente.
Si se enredó Tajamar y su proyecto, con el riesgo de enviar una señal de que en Quintana Roo no se respeta la ley ni se protegen las inversiones, se debe señalar directamente a la inoperancia y la inutilidad del delegado aquí del Fonatur.
Este asunto alcanzó dimensiones desproporcionadas porque alguien no hizo su trabajo. Y allí está cómodamente sentado en el esquina de Cobá con Náder. @Antoniocallejo



