Ciudad de México.– El audio revelado que exhibe la conversación entre el contralmirante Fernando Rubén Guerrero Alcántar y el entonces secretario de Marina ha detonado una nueva oleada de interrogantes políticas que trascienden el ámbito castrense y alcanzan el más alto nivel del poder federal.
La grabación no solo documenta la existencia de una denuncia interna por presuntas redes de huachicol fiscal en aduanas marítimas; también expone que el tema fue tratado directamente con el mando superior de la institución. Meses después, el denunciante fue asesinado en Manzanillo. Esa secuencia —denuncia, tensión interna y ejecución— es la que hoy mantiene bajo sospecha la actuación de la cadena de mando.
Sin embargo, la intriga no termina ahí.
En el momento de la reunión grabada, la Secretaría de Marina formaba parte central de la estrategia federal contra el contrabando de combustibles. La pregunta inevitable es si el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador fue informado de la denuncia presentada por el contralmirante o si el asunto quedó encapsulado en la estructura naval.
- ¿Se trató de un tema estrictamente interno?
- ¿Hubo conocimiento en Palacio Nacional sobre la magnitud de lo denunciado?
- ¿Se abrió alguna investigación paralela en su momento?
Hasta ahora no existe prueba pública que acredite que el expresidente tuviera conocimiento directo de los señalamientos ni mucho menos vínculo alguno con el homicidio. No obstante, la dimensión política del caso obliga a formular la pregunta, porque el huachicol —en todas sus modalidades— fue una de las banderas centrales del discurso gubernamental en el sexenio anterior.
El asesinato del contralmirante denunciante, ocurrido después de advertir sobre presuntas irregularidades millonarias, coloca el foco no solo en la actuación de los mandos navales, sino en la capacidad del Estado para proteger a quienes denuncian redes internas de corrupción.
La incógnita persiste: ¿falló el sistema de protección institucional o alguien decidió que la denuncia no debía prosperar?
Por ahora, el audio es una pieza que reabre un expediente incómodo. Y en política, cuando las preguntas superan a las respuestas, la sospecha se convierte en protagonista.





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