Rafael Lara Lara, la noche del 27 de julio de 1984, en la Sala de Cabildos del Ayuntamiento de Cancún, se remontó 14 años atrás, a un 14 de julio de 1970, cuando conoció a José García de la Torre. Y lo recordó con su cigarrillo en los labios, su sombrero texano y su bonhomía. Rafael aseguró que era el mejor constructor de los muchos que había conocido hasta entonces. Desde que se conocieron, se hicieron amigos para siempre.
Rafa rememoró algunos aspectos de los 48 años de la vida profesional de García de la Torre, que se inició en 1936 como ayudante del Residente de Construcción del Ferrocarril del Sureste. Su huella está en diversas obras hidráulicas, vías férreas, caminos, puentes, obras marítimas y en otras ramas de la construcción.
Pero para Lara Lara, la presencia de García de la Torre en Cancún fue determinante para la viabilidad del proyecto. Y narra: “En 1970, para llevar a cabo los trabajos preliminares del proyecto Cancún, las empresas IC Construcciones, Constructora Mayo y Antares formaron el ‘Consorcio Caribe’ y trajeron de Sinaloa al ingeniero García de la Torre con el puesto de Superintendente General”
Se trataba en principio de hacer un campamento, un aeropuerto provisional y un camino que comunicara la isla de Cancún con la carretera para que pudieran entrar las brigadas de estudio para proyectar el desarrollo.
Infraestructura Turística (Infratur), el organismo antecesor del Fonatur, por azares del destino envío a Rafael Lara para supervisar los trabajos del Consorcio del Caribe. Dijo que “controlar a un equipo como el formado por García de la Torre, Daniel Ortiz y Enrique Arce fue para mí como estar corriendo en un túnel perseguido por un tráiler. Así me sentía todos los días”.
Los trabajos de García de la Torre en Cancún fueron varios, pero Lara Lara destaca dos importantes:
“Para la construcción de las terracerías del actual Boulevard Kukulcán, en la que había que retirar miles de metros de turba (material orgánico compacto) y substituirlos por material apropiado, se pensó en el sascab y en la arena de las dunas de la isla. Por razones obvias de imagen del desarrollo se desechó la posibilidad de destruir las dunas. Y ahí entró el ingenio de don Pepe, que aprovechando las dragas de arrastre, construyó espolones en el mar y en la laguna para sacar arena de buena calidad”. Así eran los hombres que construyeron Cancún.



