Durante el azote del huracán “Gilberto”, el 13 septiembre de 1988, algunos turistas norteamericanos se quejaron de que no haber recibido la atención suficiente para retornar de inmediato a su país, apenas pasada la contingencia. Algunos llegaron a decir, incluso, que habían sido abandonados a su suerte. Algunas de estas protestas tuvieron algún eco en la prensa estadunidense.
Pero hubo voces sensatas que hablaron bien de los cancunenses en esos días difíciles de devastación.
El ciudadano estadounidense Jack Hickey, para aclarar la situación que vivieron los turistas durante la dura noche del 13 de septiembre, publicó una carta en el Houston Chronicle el 25 de septiembre del ‘88. Reproducimos la carta, por considerar que tiene un alto valor histórico porque resalta el valor del esfuerzo realizado para enfrentar la adversidad con dignidad y esfuerzo.
“Resulta difícil expresar el malestar que mi esposa y yo sentimos ante las expresiones de algunos turistas estadounidenses y la cobertura noticiosa relacionada con el paso del huracán ‘Gilberto’ por Cancún…
“El gobernador del estado de Quintana Roo, el alcalde de Cancún, los empresarios y los habitantes de la ciudad realizaron un gran esfuerzo para proteger y cuidar a los turistas. Es cierto que los albergues públicos como las escuelas y edificios públicos, además de los hoteles de la ciudad, no se pueden comparar con las instalaciones lujosas de la Zona Hotelera.
“El jueves, cuando pasó la tormenta y era de día, con mucho sol, cerca de 500 turistas estadounidenses se encontraban aglomerados en la calle principal, ante la representación del gobierno del estado, bloqueando el tráfico en ambas direcciones, ‘hasta que hicieran algo por nosotros’, clamaban.
“Mientras tanto, los turistas deambulaban por allí, entorpeciendo el tráfico, abrazados a nuestros galones de agua, preguntándonos: ‘¿porqué no nos ayudan?’ Nunca escuché a ningún turista preguntar: ‘¿hay algo que yo pueda hacer?’...
“Muchas noticias distorsionaron la realidad, buscando el sensacionalismo en lugar de narrar el hecho con veracidad. Cuando mi esposa y yo partimos en el último vuelo de la línea Continental, el sábado por la noche, esperábamos encontrar información sobre el corajudo esfuerzo del pueblo y gobierno mexicanos. Sin embargo, nos encontramos que la mayoría de los reporteros se dedicaron exclusivamente a cubrir la manifestación de los turistas…”
(Houston Chronicle, 25 de septiembre de 1988, Hoston, Texas).
No cabe duda, Jack Hickey fue un buen cronista del huracán Gilberto. Su testimonio es valioso a 26años de distancia.



