Ciudad de México, 29 de septiembre de 2026.— La investigación por la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa vuelve a las funerarias de Iguala. El Gobierno federal informó que un nuevo análisis de llamadas realizadas durante la noche del 26 y la madrugada del 27 de septiembre de 2014 detectó comunicaciones entre policías, funcionarios, presuntos integrantes de Guerreros Unidos y personas vinculadas con dos funerarias de la misma familia.
La revisión permitió identificar a 17 personas que no habían sido investigadas. En un cateo a una funeraria se localizaron restos humanos y un horno crematorio clandestino. Sin embargo, los primeros análisis genéticos de los restos no corresponden a ninguno de los 43 estudiantes. La pista exige investigación; todavía no explica qué ocurrió con ellos.
Los registros telefónicos también muestran que aparatos pertenecientes a normalistas fueron utilizados después de los ataques. Uno de ellos estuvo en manos de un policía municipal. La Fiscalía debe esclarecer cómo llegaron esos teléfonos a otras personas y por qué esas conexiones no se agotaron antes. Que un equipo haya seguido activo no significa que su propietario continuara con vida.
Otra línea busca determinar si 17 estudiantes pasaron por las instalaciones de la Policía Municipal de Iguala. La hipótesis se apoya en testimonios y datos telefónicos, pero aún requiere pruebas concluyentes. Mientras tanto, las familias mantienen su exigencia de acceso a documentos militares que consideran pendientes de entrega; la Secretaría de la Defensa Nacional sostiene que no los encontró.
Doce años después, cada indicio abre preguntas que las autoridades tienen la obligación de responder con evidencia. La nueva investigación sobre las funerarias será un avance real si logra establecer responsabilidades y contribuye a localizar a los jóvenes. Para sus familias, la verdad sigue pendiente.




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