La democracia sustituye el nombramiento hecho por una minoría corrompida, por la elección hecha merced a una mayoría incompetente. -George Bernard Shaw, escritor irlandés.
La idea de la democracia como mejor forma de gobierno se ha esparcido por todo el mundo gracias la cultura pop vulgarizada por Estados Unidos por medio de documentales, libros, películas, propaganda y cómics. Sin embargo, desde la antigua Grecia los grandes pensadores de aquellos tiempos ya preveían que esta poseía tres desvirtuaciones. Estas desvirtuaciones eran la plutocracia (el poder de los ricos), la partitocrácia (el poder de los partidos políticos) y la oclocracia (el poder de la ignorancia popular).
México, como un país que pasó mucho tiempo en camino a la democratización, se ve envuelto en grandes escándalos asociados a las devirtuaciones de la democracia. Para muchos no es extraño como en México aún existen comunidades donde el habitante más rico controla al resto del pueblo, impone gobernantes y hasta modifica las leyes a base de billetazos. Tampoco es extraño el caso de diputados que votan a favor de los intereses de sus partidos más no del pueblo, pues de eso depende su carrera política. Y actualmente es menos extraño como los medios de comunicación logran mover una masa ignorante, pseudointelectual o intelectualoide contra un partido político, una ideología o cualquier cosa que se les vaya ocurriendo al paso del tiempo por un poco de rating o dinero.
A mi muy particular punto de vista por lo líquido de los tiempos modernos, la viralización de todo y el dominio mediático, me atrevo a decir que existe una nueva desvirtuación de la democracia, esta cuarta desvirtuación la denomino famacracia. La famacracia es, en esencia, el poder de los famosos. Resulta que en el siglo XX se necesitaba tener dinero para ser político, pero en el siglo XXI parece que lo único que se necesita es fama.
Tal parece que sólo se habla de democracia cuando hay elecciones y, es que la base de la democracia moderna son los votos. Todo se resume en eso, el que tiene más votos gana. Esta premisa representa una desventaja para el pequeño chico desconocido de provincia con grandes ideas para mejorar el país pero supone una gran ventaja para el famoso actor de novelas que es conocido por millones de mexicanos, pues a final de cuentas es difícil que alguien vote por un desconocido. En fin, todos tenemos derecho de votar y ser votados.
Lo anteriormente mencionado representa una jugosa tentación para –principalmente- los partidos pequeños o partidos nuevos, quienes se ven tentados a postular a actores, actrices, deportistas, líderes sociales o socialités a cargos de elección, puesto que estos son una garantía de una buena cantidad de votos. Inclusive los partidos grandes han pecado de involucrar a personajes populares en cargos de elección en lugares donde difícilmente ganarían con un militante de carrera.
Los ejemplos sobran, como los actores Ronald Reagan y Arnold Schwarzenegger en Estados Unidos, siendo el primero de ellos presidente de aquel país y el segundo gobernador de California. En México teneos casos como los de las senadoras Irma Serrano “la tigresa” (actriz) y la velocista Ana Gabriela Guevara; así como el caso de los boxeadores Raúl “el ratón” Macías y Rubén Púas Olivares y; no olvidemos a los primeros actores Silvia Pinal y Jorge Arvizu “el Tata”.
Este proceso electoral 2014-2015 ha levantado mucha polémica debido a la participación en política de personajes como Cuauhtémoc Blanco, Laura Zapata, “Lagrimita”, Alejandro Camacho, Roberto Palazuelos, Carmelita Salinas y más recientemente los sonados casos de Sabrina Sabrok, “el Pato” Zambrano y el posible lanzamiento de Julión Álvarez como diputado federal plurinominal.
Aunque estas aventuras electorales de estos personajes famosos no son las únicas vías para adentrarse en la política. También existen los casos de famosos que utilizando su fama ejercen presión para modificar la opinión pública en favor o contra de algún candidato, ideología política o partido, así como para echar para atrás leyes o proyectos a pesar de la voluntad popular. Tales son los casos de Cantinflas, Juan Gabriel, Rubén Albarrán de Café Tacvba, René de Calle 13, Roco de la Maldita Vecindad, Saúl Hernández de Caifanes; los “opinadores” de noticas Jacobo Zabludosky, Ciro Gómez Leyva y Carmen Aristegui –a quien algunos ya la piden para candidata a Presidente de la República- entre muchos otros.
Bajo la lupa purista de la democracia, casi todos los antes mencionados son ciudadanos mexicanos, por lo tanto tienen derecho de votar y ser votados, sin embargo, no podemos envolvernos en la bandera de la doble moral y por un lado pedir que Aristegui sea Presidente y por otro condenar que Sabrina Sabrok pueda ser diputada. Cambiar de raíz las bases de la democracia para evitar sus desvirtuaciones parece ser una labor complicada que puede tornarse en resoluciones inequitativas y hasta injustas. Mientras la sociedad siga votando por los famosos, los partidos políticos seguirán impulsándolos en sus aspiraciones políticas, al final de cuentas y, con la nueva ley electoral, aún perdiendo votos son dinero.
No nos queda más que tratar de ser una sociedad reflexiva e invitar a los conciudadanos a que razonen su voto y elijan al candidato que consideren que puede ser un mejor gobernante. Ni hablar, a veces poco se puede hacer, pero viendo el lado cómico, si los famosos no llegaran al poder quién nos regalaría frases como esta de Irma Serrano cuando tenía uso de la palabra en tribuna y Porfirio Muñoz Ledo le gritó mentirosa -aparte de Layda Sansores o Fernández Noroña-:
“Bueno compañero ahora tengo dos opciones, terminar mi discurso o bajar y partirle su madre”. (@TruGMA)



