Ciudad de México.— El descarrilamiento del Tren Interoceánico, que dejó 14 personas muertas y más de 100 heridas, sigue revelando fallas estructurales que ponen bajo fuerte escrutinio al proyecto y a quienes estuvieron a cargo de su operación. Nuevos reportes técnicos integrados a la investigación federal confirman que las cejas de las ruedas de cuatro vagones y dos locomotoras presentaban un desgaste crítico días antes del accidente.
Las cejas, ubicadas en el borde interno de las ruedas y esenciales para mantener la guía del tren sobre los rieles, son un componente clave de seguridad. Su desgaste excesivo no causa por sí mismo un descarrilamiento, pero reduce drásticamente el margen de seguridad, especialmente en curvas cerradas o cuando la velocidad supera lo permitido, justo como ocurrió en el tramo donde el convoy se salió de la vía.
El documento pericial detalla que las mediciones de desgaste fueron realizadas once días antes de la tragedia, lo que abre una pregunta inevitable: ¿por qué el tren siguió operando a pesar de los hallazgos?
Mientras la Fiscalía ha enfocando su investigación en la tripulación —solicitando órdenes de aprehensión por posible negligencia operativa—, el reporte técnico apunta también hacia posibles fallas administrativas, deficiencias en el mantenimiento y omisiones de supervisión, elementos que no han sido esclarecidos públicamente.
Especialistas consultados coinciden en que el estado de las ruedas incrementó exponencialmente el riesgo operativo, sobre todo bajo condiciones inestables de velocidad y geometría de la vía. Esto sugiere que el accidente no fue solo consecuencia de un error humano, sino de una cadena de descuidos y decisiones cuestionables dentro de la operación y control del sistema ferroviario.
La información técnica que ha salido a la luz ha detonado un debate político de alto impacto, exigiendo transparencia y responsabilidades claras. El accidente del Tren Interoceánico ya no se ve únicamente como un hecho trágico, sino como la posible consecuencia de fallos acumulados en mantenimiento, supervisión y toma de decisiones en uno de los proyectos más emblemáticos del país.
Las investigaciones continúan, pero la presión pública y política crece: la ciudadanía exige saber quién permitió que un tren con desgaste crítico en piezas clave siguiera circulando, y por qué no se tomaron medidas preventivas que pudieron haber salvado vidas.





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