Antes que nada, querido lector, quiero externar mis disculpas por la ausencia de mi columna la semana pasada. Entiendo que la constancia y el esfuerzo son los caminos seguros al éxito, sin embargo, tengo una buena excusa. La semana pasada tuve el alto honor de representar al estado de Colima en el Concurso Nacional de Debate Político Juvenil 2014 organizado por el INJUVE en coordinación con el INE en el estado de Tamaulipas. En ese lugar pude conocer a muchos jóvenes que seguramente tendrán las riendas de sus comunidades en unos años y; es la reflexión de ese evento, de los sucesos recientes y del día histórico que se celebra que me atrevo a lanzar esta columna.
Primero hay que entender lo que es juventud. La juventud en el ser humano es una etapa de la vida que se sitúa entre la infancia y la adultez; para el INJUVE entre los 12 y 29 años. La juventud no es una elección, sino una condición humana transitoria. Los jóvenes son comúnmente estereotipados como “soñadores”, “buenos para nada”, “flojos”, “desentendidos” y “salvajes”. En la naturaleza los más jóvenes terminan por acabar con los más viejos, en la humanidad los más viejos dominan a los más jóvenes mediante algo que se conoce como gerontocracia. No obstante, Saramago decía que existen juventudes no juventud.
En una de las épocas más brillantes de la humanidad, en la antigua Grecia, las opiniones que ser vertían sobre la juventud eran non gratas. Sócrates decía que los jóvenes de aquel entonces amaban el lujo, tenían manías y despreciaban la autoridad. Su joven alumno Platón se preguntaba “¿Qué les pasa a nuestros jóvenes? No respetan a sus mayores, desobedecen a sus padres. Ignoran las leyes. Hacen disturbios en las calles inflamadas con pensamientos salvajes. Su moralidad decae. ¿Qué será de ellos?” Y uno de esos jóvenes que criticaba fue su alumno y se llamó Aristóteles.
Sin embargo, la frase más destacable sobre la juventud la dijo Hesíodo, que cual viejecillo refunfuñaba "No veo esperanza para el futuro de nuestra gente si dependen de la frívola juventud de hoy en día, pues ciertamente todos los jóvenes son salvajes más allá de las palabras… Cuando yo era joven, nos enseñaban a ser discretos y respetar a los mayores, pero los jóvenes actuales son excesivamente ofensivos e impacientes a las restricciones."
En México, ante una sociedad impávida y controlada por un partido político, la juventud en un impulso de rebeldía se atrevió a enfrentarse frontalmente contra el Estado por razones hasta ahora confusas, incógnitas y difusas. Si bien, no queda claro si la bronca fue por la intromisión de la policía a una prepa, por un partido de fútbol y un posterior zafarrancho o por un ataque contra el grupo de poder hegemónico, lo que sí queda claro es que el 2 de octubre de 1968 corrió sangre inocente de estudiantes a manos del ejército mexicano por órdenes del infausto presidente Díaz Ordaz.
En el México de ayer, en el año 2000, una juventud mexicana harta de la clase política caciquil se sumó al proyecto del cambio y logró lo impensable, derrocar al PRI y poner por la vía democrática al primer presidente de alternancia Vicente Fox. En el 2006, otra juventud mexicana se enfrentaba a la decepción ante un gobierno que prometió cambio y su único cambio fue en el escudo nacional; la izquierda mexicana por primera y única vez tuvo la oportunidad de llegar al poder pero una juventud dividida legó la idea de un fraude y un nuevo gobierno sin legitimidad. Mi juventud, la del 2012, se desbocó contra los grupos del poder, surgieron movilizaciones masivas, movimientos sociales, disidencia, desobediencia civil y… el PRI regresó al poder, más fuerte que nunca. Las juventudes no se acallaron, unas se convirtieron nuevos partidos políticos, otros líderes de opinión, otros gobierno y otros pueblo, pero al final se encuentran enfrascados en una lucha para cumplir o impedir el anhelo de un viejo que quiere ser presidente.
En el México de hoy, hace un par de días murió Raúl Álvarez Garín líder estudiantil del Comité del ’68. El IPN se lanzó a las calles junto con la UNAM para entregarnos una de las protestas masivas más grandes de los últimos años; esta vez no contra el mal gobierno, ni por un partido de fútbol, sino por conservar la identidad de la IPN que se pretendía cambiar desde su reglamento. Pero el México de hoy es diferente, el gobierno no lanzó a los soldados a las calles a contener los ímpetus de juventud, sino que hizo su trabajo. El secretario de gobierno Osorio Chong, con las palmas de las manos abiertas, con una actitud conciliadora, salió a escuchar las demandas de los estudiantes, leer su pliego petitorio y comprometerse a llegar a un acuerdo entre las partes.
El panorama para los jóvenes en México no es para nada esperanzador, hoy estamos desperdiciando el bono demográfico más importante de la historia de México, además del único con esta sanidad que hemos de tener. En México hay 38.2 millones de jóvenes según el INEGI y, de estos, según la Jornada, el 22% no estudian ni trabajan. Para redondear, según un el estudio “La Cultura Política de los Jóvenes” del Colmex en el 2012, solamente el 3.5% de los jóvenes pertenecen a un partido político o sindicato y sólo el 9.6% de los jóvenes ha participado en una organización estudiantil.
Regreso al Concurso Nacional de Debate Político Juvenil, porque en este tipo de certamen y otros, encontramos a un sector muy pequeño de jóvenes que tienen la oportunidad de expresarse, de ser escuchados y de influir en la agenda pública de manera cordial. Lamentablemente son pocos –y admirables- los jóvenes que salen de los concursos, de los certámenes, de la oratoria, del debate, de los ensayos, de las becas y, se empoderan, se organizan e inciden en la agenda pública por medio de asociaciones civiles, sociedades civiles organizadas o partidos políticos.
Los mecanismos gubernamentales para atraer la participación juvenil sólo han conseguido un monopolio de nombres, de voces y de rostros en concurso tras concurso, hasta que estos dejan de ser jóvenes y; esto en lugar de motivar a otros jóvenes a participar, desincentiva de competir a los inexpertos. Lo mismo pasa en política, el aire de intolerancia que se vive en la arena política y en las calles, ha logrado una juventud cada vez más temerosa de participar en la política, pues cada ideología que contradiga en lo más mínimo a la corriente dominante en redes será ridiculizada, atacada y hasta violentada. Pensar diferente del intelectualismo político mexicano de Facebook puede costarnos la vida más nunca la dignidad. Somos sólo jóvenes contra jóvenes.
Y es aquí donde planteo mi pregunta ¿En qué momento el joven impetuoso pasa al adulto impávido? Sócrates decía que los jóvenes despreciaban la autoridad y, recordando a la película de La Naranja Mecánica, los drugos de Alex Delarge pasaron de la rebeldía a la autoridad con sólo ponerse un uniforme. Esa es mi respuesta, el joven deja de desafiar la autoridad cuando se convierte en la autoridad. Así que concluyo parafraseando una frase del Leviatán “el joven es el lobo del joven.”
Por último, externo un saludo a los jóvenes combativos que me ha tocado conocer a los largo de mi vida, a mis excompañeros del Movimiento Estudiantil Disidente, a mis compañeros de la Escuela Nacional de Cuadros, a mis amigos de Círculos de Debate y a mis nuevos colegas del Grupo Victoria. (@TruGMA)



