Algunos hemos crecido de la mano de las nuevas tecnologías, otros se vieron alcanzados por ellas y los que están por venir no podrán imaginar un mundo sin la existencia de estas. A la par de las tecnologías ahora cotidianas, las tecnologías usadas para fines perversos como el espionaje, el chantaje político, entre otros, también han ido evolucionando. Su impacto político y social es tan grande que a veces la información privada que se filtra a los medios alcanza niveles de escándalo internacional.
Se ha vuelto tan cotidiano y frecuente la filtración de materiales del ámbito privado a medios de comunicación -que lo redirigen al público- que es socialmente aceptable para gran parte de la sociedad. El hostigamiento mediático, la persecución y espionaje a políticos, empresarios y artistas ha hecho que los acosadores de estos se les dé el nombre de “paparazzi” y se les pague por eso. Se ha vuelto habitual inclusive la venta de revistas de espectáculos que viven de chismes, difamaciones y publicaciones que refieren a la vida privada de las figuras públicas; su mercado y ganancias son grandes.
Esta naturalidad en las prácticas de periodismo poco ético y del pseudoperiodismo ha logrado que partes de su clientela disfruten y promuevan páginas cuyo fin es dañar la imagen de ciudadanas y ciudadanos comunes. La difusión de fotos, videos y demás contenidos sexuales explícitos a manera de revancha, venganza, burla o simplemente maldad, han sido causa de bullying, acoso, hostigamiento, extorción, rupturas amorosas, divorcios y en el peor de los casos, asesinatos y suicidios.
Y si esto no fuera de por sí preocupante y enfermo, el espionaje “profesional” se ha vuelto cosa de todos los días. Es tan triste el fracaso de nuestra sociedad que nos escandalizamos por las fiestas del PAN, la infidelidad de Pedro Ferriz de Con, los famosos video escándalos de políticos, la filtración de llamadas telefónicas pero no nos ponemos a pensar en quién los grabó, si nosotros también estamos siendo grabados, si sólo ellos realizan este tipo de actos o por qué sólo revelan información de ciertas personas. El espionaje es un delito grave y nosotros como sociedad no lo condenamos sino que difundimos sus productos con lo que logran sus cometidos.
Resulta hasta ridícula la doble moral de algunas personas en esta sociedad, que se escandalizan y critican los esfuerzos gubernamentales por tratar de regular el internet por miedo a ser legalmente espiados y, por otro lado se quejen de la nula efectividad gubernamental para capturar pedófilos o tratantes de blancas; mientras a su vez pasan horas enteras buscando las fotos recientemente robadas de artistas como Victoria Justice, Ariana Grande, Jennifer Lawrence, Kate Upton y muchas más.
Lo que no le ha quedado claro al gremio periodístico y a una gran parte de la sociedad es que la vida privada de las personas debe ser respetada; que mientras un político no use fondos públicos para fines privados no tiene porqué rendirle cuentas a nadie; que difundir la fotos privadas robadas sin autorización de las personas es ser causal de más daños y agravios a quienes en ellas aparecen; que el consumir revistas, visitar sitios web o ser fiel espectador de productos extraídos mediante espionaje, persecuciones, hostigamiento y sin autorización de las figuras públicas es financiar a que estas prácticas morbosas sigan sucediendo; y que nosotros podemos ser los siguientes en ser espiados, difamados y difundidos.
Los públicos también tienen vida privada y los privados también tienen vida pública. Respetemos para que nos respeten. (@TruGMA)



