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El Quehacer Político (IV) - Neftalí Samsa

30 octubre, 2017
en Opinión
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Mientras en Europa sucedían grandes acontecimientos, políticos, sociales, económicos, religiosos, filosóficos, científicos y artísticos; en América, el sometimiento de los países latinoamericanos a manos del imperio español oscureció esa época que tuvo que abrirse a golpe de yunque. Las colonias españolas, conocidas como Virreinatos, La Nueva España, Nueva Granada, Perú y Rio de la Plata, junto con las cinco capitanías, vivían una economía mercantilista donde el oro y la plata eran recursos de suma importancia, de ahí el saqueo desmedido del imperio español en estas regiones. La política todavía estaba supeditada al monarca español, quien absolutamente tomaba todas las decisiones, fueran acertadas o no. El Real y Supremo Concejo de las Indias era su eco, que implacablemente aplicaba el quinto real y otras medidas económicas que laceraban profundamente a las colonias.

Cuando las ideas ilustradas empezaron a llegar clandestinamente a América, los eclesiásticos criollos y luego los intelectuales las absorbieron y se dieron cuenta que era momento de sacudirse el yugo de la corona española. Hermoso era saber que el hombre nace libre por naturaleza y que todos tenemos derechos y obligaciones iguales. España se encontraba invadida por Napoleón Bonaparte, quien impuso a su hermano José en el trono español. Eran los principios del siglo XIX. Aprovechando esta situación, los criollos, a quienes no se les permitía ocupar cargos públicos, decidieron levantarse en armas para tener esa preciada libertad de la que tanto hablaban los filósofos ilustrados.

Se enfrentaron dos ejércitos en esta guerra desigual: el real y el insurgente. Los levantamientos duraron las primeras tres décadas del siglo XIX, y lograron obtener la independencia de las colonias. Memorables son los actos heroicos de Miguel  Hidalgo y Costilla, Simón Bolivar, Antonio de Sucre, Bernardo O’ Higgins, José María Morelos y Pavón y otros.

En los nuevos países latinoamericanos, el atraso era más que evidente. Europa se catapultaba a la era de la ciencia y la tecnología y estos nacientes países americanos permanecían inactivos, sumidos en revoluciones intestinales que, en el caso de México, le causaron un daño enorme que resultó en la pérdida de más de medio territorio. De ostentar cinco millones de kilómetros cuadrados, había sido reducido a menos de dos kilómetros cuadrados. El responsable directo de esto, fue un nefasto gobernante llamado Antonio López de Santa Ana. Los pleitos entre conservadores y liberales, también abonaron en ese sentido. Luego se vino la desdicha de tener dos gobiernos, al mismo tiempo en nuestro país, el legítimo de Benito Juárez y el usurpador de Maximiliano de Habsburgo, alentado por la traición de mal nacidos mexicanos.

Benito Pablo Juárez García pacificó al país. Le dio rostro nacional y la soberanía se consolidó mediante leyes que pusieron a circular los grandes capitales eclesiásticos. Los militares fueron puestos en orden y la educación recibió el impulso positivista en la figura de Gabino Barreda. La justicia tomó el control con leyes renovadoras. El avance de una conciencia mexicana hubiera continuado con Sebastián Lerdo de Tejada, si no hubiese tomado el poder Porfirio Díaz.

LA ÚLTIMA Y NOS VAMOS.

¿Tendrán nuestros políticos quintanarroenses una conciencia social que busque el beneficio del pueblo o sólo quieren enriquecerse a costa del erario público? ¿Usted que piensa amable lector? El caso más cercano lo representa Roberto Borge Ángulo. ¿En dónde está la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública?, haciendo sus comerciales bonitos. ¡Hasta la próxima!

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