Ciudad de México.— Lo que el oficialismo presentó como una reforma estratégica terminó convertido en una versión recortada por sus propios aliados. El llamado “Plan B” electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum avanzó en el Senado, pero sin uno de sus ejes centrales: la revocación de mandato.
El golpe vino desde dentro. El Partido del Trabajo (PT), integrante clave de la coalición gobernante, decidió retirar su respaldo al artículo 35 constitucional, dejando fuera la propuesta que buscaba adelantar la consulta de revocación para 2027. Sin ese voto, Morena no alcanzó la mayoría calificada y tuvo que ceder.
El resultado fue una reforma “rasurada”: se aprobaron ajustes en materia de reducción de estructuras municipales, límites salariales y gasto legislativo, pero el componente político más relevante quedó fuera.
La decisión no fue menor. El PT no solo frenó una pieza clave del proyecto presidencial, también evidenció fisuras dentro de la llamada Cuarta Transformación. A pesar de los intentos por mantener un discurso de unidad, el episodio dejó claro que la disciplina legislativa ya no es automática, ni siquiera entre aliados históricos.
El trasfondo es político. La propuesta de empatar la revocación de mandato con las elecciones de 2027 generaba inquietud incluso dentro del bloque oficialista, al abrir la posibilidad de que la figura presidencial influyera directamente en el proceso electoral.
Ante ese escenario, el PT optó por frenar el mecanismo, obligando a Morena a elegir entre mantener la reforma o preservar la cohesión de la alianza. La respuesta fue clara: sacrificar contenido para salvar el proyecto.
Desde la oposición, el episodio fue leído como una derrota política para el Ejecutivo, al considerar que el “Plan B” perdió su esencia y quedó reducido a ajustes secundarios. Pero más allá de las posturas partidistas, el hecho revela algo más profundo: la dificultad del oficialismo para imponer reformas constitucionales sin fracturas internas.
Hoy, el “Plan B” sigue su curso legislativo, pero ya no es el mismo. Lo que se vendió como una transformación estructural terminó convertido en una negociación política que dejó fuera su componente más controvertido.
En política, las derrotas no siempre se votan en contra. A veces se negocian… y se diluyen.



