La desaparición del ex presidente municipal de Zinapécuaro, Alejandro Correa Gómez, ha encendido las alarmas en Michoacán y vuelve a exhibir la vulnerabilidad de los funcionarios frente al poder del crimen organizado.
Correa, quien gobernó el municipio durante el periodo 2018-2021, fue visto por última vez en la comunidad de Tierras, municipio de Hidalgo. Su familia perdió contacto con él alrededor de las tres de la tarde, y desde entonces no se sabe nada sobre su paradero.
La Fiscalía General del Estado emitió una ficha de búsqueda, pero hasta el momento no hay indicios concretos de su localización. Vecinos de la zona señalaron que el exalcalde mantenía una vida tranquila y que no se le conocían conflictos recientes, lo que ha generado mayor desconcierto sobre las causas de su desaparición.
El caso ocurre apenas horas después del asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, lo que deja ver una peligrosa tendencia: el ataque sistemático a las figuras políticas locales en Michoacán. El estado vive un repunte de violencia que no distingue entre autoridades en funciones y ex servidores públicos, en un contexto donde la presencia del crimen organizado se ha normalizado.
La desaparición de Correa Gómez es una señal más del desmoronamiento de las estructuras de seguridad en regiones dominadas por el miedo. Si un exalcalde puede desaparecer sin rastro en plena luz del día, ¿qué esperanza le queda al ciudadano común?
La exigencia de su familia y de los habitantes de Zinapécuaro es clara: encontrarlo con vida y frenar la ola de violencia que consume a Michoacán. Sin embargo, la lentitud de las autoridades y la falta de resultados alimentan una sensación de abandono que ya se ha vuelto insoportable.



