Nuestra generación no se habrá lamentado tanto de los crímenes de los perversos, como del estremecedor silencio de los bondadosos. -Martin Luther King.
Estas últimas semanas nuestras redes han estado asediadas por lo que denomino como horribles modas periodísticas. Un medio saca la nota sobre la casa blanca de la esposa del Presidente Enrique Peña Nieto y, como si hubiesen inventado el hilo negro, inmediatamente una infinidad de medios se pusieron a investigar el resto de los funcionarios de gabinete para tratar de encontrar más “casas blancas”; primero salió la casa de Videgaray, después fueron tras José Murat, luego regresaron con Peña y ahora con Osorio Chong.
Luego vinieron los “helicopterazos”. Después de que Denise Dresser olvidó la primera regla del internet -que es, no creas todo lo que está en internet- publicó irresponsablemente en su cuenta de twitter una foto donde aseguraba que la hija del Presidente Peña había usado un helicóptero para transportarse a la escuela con cargo al erario público, lo cual resulto ser mentira. A partir de eso al ver lo viral del asunto, como horrible moda, se publicaron todo tipo de notas acerca de helicópteros y funcionarios públicos. Primero los helicópteros de funcionarios en el arranque de campaña de Silvano Aureoles y después el sonadísimo y condenable caso del helicóptero de Conagua y Korenfeld.
Pero no sólo sucede ese fenómeno, también tenemos el espectáculo de las acusaciones, la doble moral, el cinismo y el ridículo que nos ofrecen las campañas políticas. Por un lado, el PAN tacha al PRI de corrupción por los relojes de Camacho; el PRI contraataca tachando al PAN de corruptos por la presa del gobernador de Sonora. Y los partidos chiquitos peleándose por ver quién es más ciudadano, quien es más de izquierda, quien es más cumplidor y demás ejercicios discursivos cargados de demagogia y oportunismo.
Es ahí donde viene un tema que es para mí preocupante, los cómplices en silencio o el silencio de los cínicos, llámelos como quiera, que son lo mismo. Por un lado están los medios de comunicación que –les guste aceptarlo o no- todos tienen intereses económicos pues son empresas. Entonces pasan omisiones grotescas como investigar las propiedades de todos los funcionarios de gobierno federal pero callar la mansión en la Toscana de AMLO o el reciente caso de las propiedades de la esposa de Ricardo Monreal. O del lado oficial de la moneda donde pasa exactamente lo mismo pero al revés.
Luego vienen los twiteros con son 140 caracteres justicieros clamando justicia por cualquier cosas que tenga cierta relación o aparente conexión con el PRI, PAN o Gobierno Federal y dejando de enjuiciar a la izquierda por crímenes igual o peor de graves. Por un lado trending topic mundial a los 43 desaparecidos en México pero pocos hashtags para condenar la muerte de los 147 cristianos asesinados en Kenia; ¿apoco unas vidas valen más que otras? ¿O es que solamente si lo ligamos a nuestros opositores políticos es que se vuelve noticia y vale la pena compartir y condenar?
La pasión de las campañas también se vuelve un excelente campo de cultivo de los cómplices en silencio. Pongo como ejemplo el caso de Colima donde Nacho Peralta –el candidato del PRI- saludó tomando de la muñeca a un carnicero y no estrechando la mano.
El júbilo y éxtasis de los panistas no se hizo esperar, se hicieron memes, vídeos, se le tachó de tenerle asco a un obrero, de aburguesado, entre otras. La difusión en redes fue masiva, las críticas, protestas y quejas de los opositores contra el priísta no se hicieron esperar -ante la defensa estéril de sus simpatizantes- pero lo que no sabían era lo que pasaría después. Apenas unas semanas después el candidato del PAN saludó de la muñeca a un pescador y no estrechó la mano, entonces en la redes panistas se cimbró un silencio sepulcral; su candidato hizo exactamente lo mismo que reclamaban del otro pero esta vez no hubo memes, ni vídeos, ni críticas o protestas, sólo silencio…
Entiendo bien el legítimo derecho de querer tener siempre la razón, entiendo la legítima defensa de nuestros beneficios económicos, políticos y/o sociales, lo que no entiendo ni apruebo es que se disfrace de defensa de cualquier causa el condenar a unos y proteger a otros aunque estén cometiendo el mismo delito, no entiendo cómo podemos ser cómplices todos de la corrupción, de las canalladas, de la demagogia, del cinismo, de la calumnia y sobre todo del odio por ese afán del autoengaño en el que nosotros siempre estamos del lado de los buenos –aunque cambiemos de colores, partido, religión…- y los otros -siempre que no estén con nosotros- son los malos. Aunque su único crimen es no pensar como “yo”.
Yo he sido cómplice en silencio, muchos le hemos sido, por eso en este periodo electoral les pido que dejemos atrás los ismos y apasionamientos que no hacen más que entorpecer la democracia. Dejemos atrás la soberbia y los onanismos mentales; condenemos lo condenable y aplaudamos lo aplaudible, venga de quien venga, que al fin y al cabo lanzar una injuria no es la única manera de romper el silencio, el silencio también se puede romper con un merecido halago. (@TruGMA)



