Es mucho más fácil tener simpatía con el sufrimiento que tener simpatía con el pensamiento. -Oscar Wilde.
Pathos es un vocablo griego, uno de los tres modos de persuasión retórica -junto con el logos y ethos- según la filosofía de Aristóteles. Pathos refiere al uso de los sentimientos humanos para afectar el juicio del jurado. Por otro lado el ethos refiere al uso de valores como la figura, la apariencia, la conducta, el ejemplo, la fama y la dignidad para ganar la credibilidad del jurado. Y por último, el logos se refiere al uso de la palabra meditada, reflexionada o razonada para persuadir al jurado.
Los discursos de los políticos necesariamente se sostienen sobre alguno de estos métodos de persuasión. Para demostrarlo basta traer a vuestra memoria los ya estereotipados tipos de políticos. Por un lado existe el clásico político que habla de su patria, del pueblo, su bandera, su himno, el patriotismo y las buenas costumbres, lo cual nos conduce a un político ético. También está el político lógico, que es aquel que pretende ganar al electorado con propuestas, con ejes de acción claros, una sólida preparación académica y experiencia. Y por último aquellos políticos que defienden a su pobrecito pueblo, a la pobrecita ama de casa jodida, al pobrecito obrero, que quieren sacar al país de la tragedia por medio de su misericordia; estos serían los políticos patéticos.
Lo curioso es que a pesar de tener una sociedad cada vez más preparada, cada vez más informada y cada vez más culta, la oferta política tiende a ser cada vez menos lógica y cada vez más ética, pero sobre todo, mucho, mucho más patética. La sociedad demanda propuestas y en cambio en este periodo electoral sólo han recibido como oferta política spots que “venden” sentimentalismos y, no del bueno, sino del barato. La ecuación es sencilla, odia a aquel porque es malo y quiéreme a mí porque soy bueno. Y la política se torna cada vez más patética porque precisamente cada vez más gente está votando por esa clase de oferta política.
Pero ¿Cómo es que funcionan esos discursos si cada vez somos un pueblo más culto? La respuesta es sencilla. Este tipo de discursos no apelan a la lógica, apelan a la conciencia. Somos una sociedad rodeada de injusticias, de una terrible pobreza, de violencia, de desigualdad social, de inequidad e inclusive hambre. Es inevitable que las tragedias de nuestro país no toquen hasta al más frio de los corazones. Es por eso que los que practican la política patética no te ofertan soluciones, ofertan que a cambio de tu voto, tú estás implícitamente ayudando a erradicar este tipo de problemas; aunque en la realidad no es cierto, solamente estás cayendo en una ilusión de que realizas un acto caridad.
La política patética ha pasado de ser de una política de promesas a una política que comercializa la tragedia para venderte sentimientos como redención, esperanza, paz, felicidad y tranquilidad. El votante que apuesta por este tipo de propuestas no deja de ser un sujeto que peca de cinismo e hipocresía, pues, en lugar de comprometerse a ayudar a solucionar los problemas de su comunidad, prefiere comprar con su voto una noche en la que pueda dormir tranquilo pues se sujeta a la ilusión de creer que está ayudando.
Los políticos patéticos ya han llegado al poder y en el poder han realizado acciones que posteriormente se anexan a su cada vez más grueso menú de ofertas patéticas. Entregan más becas a los estudiantes pero no generan soluciones ante la deserción escolar o la baja calidad de la educación; dan pensión a los ancianos, pero no generas vías para volverlos productivos; dan de comer al hambriento pero no generan las condiciones para que pueda salir de la pobreza… esto es conocido como populismo.
La oferta de campañas patéticas es cada vez mayor porque son cada vez más los electores que lo demandan. Cuando votas por propuestas patéticas no importa qué tan bien te sientas contigo mismo al creer que compras justicia, en realidad en lugar de estar llevando al poder a personas con una política lógica, estas llevando al poder un político que no solucionará ningún problema, sólo los prolongará y perpetuará cada vez más. No importa qué tantas veces le des una despensa a una familia hambrienta, seguirá viviendo en las mismas condiciones de pobreza, mañana seguirá teniendo hambre y seguramente estará esperando una nueva despensa para poder comer.
Por eso, este 7 de junio, antes de elegir el camino de la esperanza, antes de votar con el corazón, con las vísceras o el hígado, razona tu voto, analiza las propuestas de todos los candidatos, infórmate sobre sus ejes estratégicos para mejorar tu comunidad y sobre todo vota por un proyecto que vaya dirigido a erradicar las causas de los problemas y no sólo a mitigar las consecuencias de los mismos. Que ni el odio, ni el fanatismo te nuble la razón. Vota de manera libre, consciente e informada y, sobre todo simpatiza con el pensamiento, no con el sufrimiento. Al final de cuentas, en nuestras decisiones forjamos nuestro destino. (@TruGMA)



