Ciudad de México.— En Morena todos aseguran confiar en las encuestas, pero pocos parecen dispuestos a esperar tranquilamente sus resultados. Mientras aumenta la competencia por las gubernaturas que estarán en juego en 2027, la dirigencia nacional decidió moderar los tiempos y recordar a los aspirantes que todavía falta camino.
La presidenta nacional del partido, Ariadna Montiel, enfrió las expectativas de quienes aguardaban definiciones inmediatas y señaló que Morena tiene hasta diciembre para anunciar las candidaturas pendientes.
El mensaje fue presentado como un llamado a la calma y a la unidad, aunque también puede interpretarse como una advertencia para quienes ya comenzaron recorridos, mediciones propias y movimientos destinados a fortalecer sus proyectos o debilitar a sus adversarios internos.
Hasta ahora, Morena ha definido sus perfiles en Aguascalientes, Campeche, Colima, Querétaro y Sinaloa. Permanecen pendientes otras 12 entidades, donde los consensos parecen bastante más complicados que el discurso público de unidad.
La demora muestra que el partido no solamente debe revisar quién encabeza las preferencias. También tendrá que equilibrar la paridad de género, la competitividad electoral, los antecedentes de cada participante y los acuerdos con sus aliados del Partido Verde y del Partido del Trabajo.
En otras palabras: no bastará con levantar la mano, multiplicar la presencia mediática o presumir cercanía con las principales figuras del movimiento.
En entidades como Guerrero, Michoacán, Sonora, Zacatecas, Nayarit y Baja California Sur, la competencia ha comenzado a dejar acusaciones, filtraciones y confrontaciones mediáticas. Las diferencias internas resultan cada vez más visibles, aunque públicamente todos insistan en que Morena permanece unido.
Quintana Roo: tres perfiles y una candidatura
Quintana Roo se encuentra entre las entidades donde Morena todavía no presenta una definición. La sucesión de la gobernadora Mara Lezama ha colocado sobre el tablero al senador Eugenio “Gino” Segura, a la presidenta municipal de Benito Juárez, Ana Paty Peralta, y a Rafael Marín Mollinedo.
Se trata de perfiles con trayectorias, estructuras y zonas de influencia distintas. Gino Segura ha incrementado su presencia estatal y aparece al frente en algunas mediciones publicadas; Ana Paty Peralta tiene como principal plataforma política el gobierno de Cancún, el municipio con mayor peso electoral de Quintana Roo; mientras Rafael Marín conserva presencia política y relaciones dentro del movimiento.
Sin embargo, ninguna encuesta equivale a una designación y ningún posicionamiento garantiza aparecer en la boleta electoral.
La decisión en Quintana Roo no dependerá únicamente de la popularidad individual. También pesarán el criterio de paridad de género, el método interno, la postura de los partidos aliados y la capacidad de cada aspirante para preservar la cohesión después de conocerse el resultado.
Morena parte como la fuerza política dominante en el estado, pero precisamente esa ventaja vuelve más intensa la competencia interna: obtener la candidatura podría significar llegar a la elección con una posición considerablemente favorable.
La pausa anunciada por Ariadna Montiel amplía el periodo de incertidumbre y obliga a los grupos locales a mantener la disciplina durante varios meses, mientras continúan los recorridos, las concentraciones y las demostraciones de capacidad de movilización.
La dirigencia pide paciencia, pero el calendario difícilmente detendrá a quienes llevan tiempo construyendo sus proyectos. Diciembre puede parecer lejano para Morena; para los aspirantes de Quintana Roo, cada semana sin definición representa otra oportunidad para ampliar su presencia territorial, construir acuerdos y consolidar apoyos internos.
Por ahora, el escenario permanece abierto. Hay quienes aparecen adelante en determinadas encuestas y quienes presumen estructura territorial, experiencia o interlocución política. La única certeza es que la candidatura todavía no tiene una definición institucional.
Morena busca administrar los tiempos, construir consensos y evitar una fractura antes de 2027. El desafío será procesar la competencia con reglas claras y conseguir que quienes no resulten favorecidos respalden el proyecto electoral. En una contienda con varios aspirantes y una sola candidatura, la unidad no dependerá de los discursos, sino de la forma en que se conduzca y legitime la decisión final.




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