Sanear la administración de la Universidad de Quintana Roo (Uqroo) no es sólo un proceso de dignificación a la emblemática decisión de haberla concebido como la máxima casa de estudios por parte del ex gobernador Miguel Borge Martín, sino además representa la oportunidad de evitar conflictos que en su interior se gestan y cuyo impacto social va en ascenso.
Al cierre de 2014 Quintana Roo ha logrado la mayor cobertura de educación superior de toda su historia, con la creación de diversas instituciones que han comenzado a abatir el déficit en ese rubro, pero a la vez que ello ocurre, a la Uqroo se le ha dejado en el más completo abandono, siendo la universidad pública más grande del estado, la más emblemática, la que fue ejemplo nacional por sus innovadores sistemas de enseñanza; por haberse cumplido con ella el anhelo de una sociedad que anhelaba una institución en la cual educar a sus jóvenes generaciones.
Ciertamente, la universidad ha atravesado por momentos difíciles, pues luego de la euforia por su creación, sufrió un estancamiento en su expansión, particularmente durante el sexenio de Joaquín Hendricks Díaz, quien en lugar de apoyar la creación de la unidad de Cancún, optó por la creación de la Universidad del Caribe, institución esta que también atraviesa por dificultades en su conducción.
Pero nunca como ahora la mayor universidad pública de Quintana Roo había tenido tanto estancamiento y retroceso en todos sus rubros, desde las dificultades administrativas hasta el rezago en sus planes de estudio e incluso está tristemente catalogada actualmente como de las peores instituciones a nivel nacional, todo esto agravado en la actual administración universitaria.
Protestas estudiantiles, despido de académicos de probada capacidad, carencia de diálogo, enfrentamientos internos que han ocasionado el cambio de secretaria general y ahora el pretendido desconocimiento al Colegio de Académicos por parte de la rectoría; y por supuesto los que poco a poco afloran como aspirantes a suceder a Coral Castilla y hacen “merecimientos” desde alguna dependencia estatal o campaña política, son los temas más sonados de la Uqroo, para desgracia de todos.
Atrás quedaron los reconocimientos por la acreditación ante Conacyt de sus licenciaturas, o los apoyos que se brindaban a los estudiantes de escasos recursos a través de su patronato, pues incluso ahora los nombramientos en este órgano se hacen como si de la farándula de tratara, con lo cual la administración de los bienes universitarios no genera beneficio alguno, a esta institución cuyos académicos fundadores soñaron con verla autónoma ahora que han pasado más de dos décadas de su creación.
Rescatar la universidad es dignificar el proyecto que le dio origen, es brindar respeto a quien la concibió como la instancia que educaría a las generaciones que conducirían los destinos de esta entidad; es una obligación para brindar educación de calidad a quienes ven en la Universidad de Quintana Roo la posibilidad de un futuro mejor.
El periodo de Elina Coral Castilla culmina el 14 de agosto del próximo 2015, la convocatoria se emitirá apenas pase el proceso electoral federal, ojalá que los aspirantes contemplen la necesaria calma en la máxima casa de estudios, y sepan cómo harán de la calidad académica un objetivo a alcanzar, pues eso no sólo dignifica a quienes han pasado por sus aulas, sino también garantiza solidez en la formación de los futuros profesionistas quintanarroenses.
La renovación está pues por arrancar, y la decisión a tomarse deberá estar fundamentada en el legado que se deja a la sociedad, no en los merecimientos políticos o en el sólo hecho de provenir de la comunidad universitaria; para recuperar el que ha sido hasta ahora el más ambicioso proyecto educativo de Quintana Roo, así se observa desde aquí, A Tiro de Piedra. Nos leemos en la próxima.



