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Yo caminé con obrador || Por Martha E. González

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Agradezco a este medio de comunicación que me da la oportunidad de compartir mi caminar con Andrés Manuel López Obrador, desde sus inicios en el Partido de la Revolución Democrática (PRD) en 1989, en Tabasco.

Soy tabasqueña radicada en Quintana Roo desde hace un año, soy producto de la relación que tiene el sol y la tierra, de ese beso intenso que se dan que hace fluir mi sangre caliente capaz de generar grandes cambios en México y el mundo, por eso los hombres tabasqueños no se limitan por luchar en lo que creen.

Traigo de ejemplos a José María Pino Suarez, José Pagés Llergo, José Eduardo de Cárdenas y actual mente Andrés Manuel López Obrador, Amlo, Peje, Andrés Obrador, Manuel Obrador el señor López o como les guste llamarlo.

Conocí a López Obrador por ahí del año 1989, ya le había escuchado hablar por la radio casualmente, cuando se le daba cobertura, o los detractores de Andrés Manuel en los medios de comunicación hablaban mal de él, lo llamaban insurgente descerebrado, priista arrepentido por lo que había roto con el Partido Revolucionario Institucional (PRI), por que le gustaba las cosas derechas y el PRI era principios de corrupción que saltaba a la vista.

El año 1989 fue un año muy agitado para el líder y sus seguidores. Andrés Manuel López Obrador un día común se presentó en el parque principal de Cunduacán, Tabasco con un Volkswagen blanco y un megáfono diciendo: “Yo soy Andrés Manuel López Obrador y vengo a decirles que el gobierno que encabeza Salvador Neme Castillo es producto de un fraude electoral, y no descansaré hasta que quede en evidencia”.

Andrés Manuel siempre ha sido un hombre sencillo, desde que lo conozco. En ese entonces siempre vistió pantalón de mezclilla con camisa blanca y zapatos mocasines. Su semblante firme y decidido acompañado de su voz de convencimiento, me hizo comprometer mentalmente y físicamente con sus ideas de protesta, que en cierto grado eran verdaderas. Me ha impresionado siempre su decir de “nada con cargos públicos, ni enmiendas políticas, sino que queremos que exista una verdadera democracia tanto en Tabasco como en México”.

En lo personal, nunca he militado en el PRI, ni en ningún partido de derecha, nací siendo de oposición porque tuve el privilegio de encontrarme con Andrés Manuel López Obrador, a él le atribuyo mi participación en esta lucha social. La forma de lenguaje tan coloquial, sencillo y convincente del “Lic”, como le decimos cariñosamente, me hicieron comprender que un pueblo unido puede vencer la peor adversidad de un gobierno represor, ilegitimo y abusivo.

La esperanza que siempre he tenido como mujer es de brindarle a mis hijos una Patria nueva, libre y soberana. Siempre se los expliqué cuando luchaban involuntariamente a sus tiernos años en este movimiento, que se empezó a gestarse desde 1988 y tengo la convicción que culminará este 1 de julio de 2018, al llevar a la presidencia de la República a Andrés Manuel López Obrador.

Participar en cada caravana por la democracia con los compañeros del movimiento en Cunduacán, era una aventura increíble, solo éramos 15 personas y cuando mucho 25 en aquel 89. La camioneta que nos trasladaba era una Datsun “del año del caldo”, propiedad de Nicolás Miranda Olán, le apodamos “Perremóvil” al igual que a su camioneta ya que era nuestra única unidad que nos trasladaba, eso sí, cooperándonos todos para la gasolina.

Cuando nos íbamos a las manifestaciones con AMLO, para nosotros representaba una fiesta, porque implicaba ir a la capital tabasqueña, Villahermosa. Nos organizábamos con banderitas de tuzor amarillas, pero como no había dinero para serigrafiarlas, el coordinador Freddy León Rivera, ex alumno universitario, se personalizaba a sellarlas con un molde de madera que tenía el Sol de ocho rayos cortos y largos, además de las tres letras del PRD. Banderitas que más tarde llevábamos en las manos y adornaban a la “Perremóvil” acompañados con un grito de victoria que decía, “un pueblo unido jamás será vencido”.

El reciente partido nacía para darnos “¡Democracia ya, patria para todos!”. Nacía como un instrumento de lucha en manos de un pueblo cansado de tanta transa. Nacía con la única intención de ser un partido en movimiento defendiendo las causas justas.

Era impresionante nuestro aguante, porque íbamos a todos lados a donde nos convocaba Andrés Manuel, con eso de que constantemente el gobierno de Salvador Neme lo vigilaba, lo traía en la mira a como decimos los chocos. Ahí en el movimiento pude conocer a la guerrera incansable, Rocío Beltrán (q.e.d) acompañando a su hombre como toda una soldadera, hija netamente de la sultana de la sierra (Teapa), de tez blanca y ojos verdes, como el color de los platanares de Teapa. Siempre llevándole sus alimentos al “Lic”, alimentos que por la premura del tiempo no consumía; una vez me tocó ver su lonchera emitir un sonido de aire reprimido, porque ya estaban descompuestos los alimentos, pero eso en una lucha que aprieta, pasa a segundo plano.

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