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Yo caminé con Andrés Manuel López Obrador Por Martha E. González ||| No se lo cuenten ni a su almohada: Obrador

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Era el mes de enero del 1996. Fuimos convocados a la resistencia civil pacífica que consistía en cierre de pozos petroleros simultáneamente en todo el estado de Tabasco. Huatacalca y Soyataco, en Nacajuca, fueron escenarios claves para dar inicio al movimiento.
Partimos de Cunduacán un aproximado de 30 compañeros, los coordinadores éramos Freddy León Rivera y yo. Eran como las 4:00 de la tarde cuando tuvimos una reunión con Andrés Manuel López Obrador, lo principal que nos dijo fue que iba a ser aprehendido por el gobierno, pero que el movimiento debería continuar pasara lo que pasara; la respuesta de nuestra parte, los oyentes dijimos a una sola voz que sí y que no se preocupara que nunca íbamos a claudicar, aunque nos costara la vida y que nos comprometiéramos avanzar sin ningún tipo de violencia. Él respondió optimista, ¡esos son mis coordinadores, mis líderes!, para luego darnos una última recomendación: no se lo cuenten ni a su almohada.
Pude observar en su cara un dejo de preocupación. A lo lejos se sentía el trajinar del Ejército. Y es que pensar en una represión militar es angustiante, pues te atropellan todas tus garantías conjugándola con la ignominia y el bochorno. Me pregunté una y otra vez que si valía la pena arriesgarnos tanto, pensé en mis hijos que se quedarían sin padre y madre, pues mi esposo es luchador incansable de un cambio verdadero.
Andrés Manuel terminó de dar las indicaciones generales al pequeño mitin, de cómo íbamos a cerrar los pozos petroleros y lo que se lograría con toda la lucha, de cómo responderíamos al Ejército y a la BOM (Base de Operación Mixta). Por cierto, el Ejército es solo para defender la Soberanía del país ante la invasión extranjera, no para reprimir a nadie, a ningún mexicano que haga una lucha justa por el bien de todos y pacíficamente, pero en fin.
Esa tarde la sentí lóbrega porque sabíamos a lo que le tirábamos, y que nuestro máximo líder sufriría si caía en manos del gobierno. El impacto de sus palabras al decir no se lo digan a nadie, me estremecía hasta la última vertebra de mi ser, la verdad me dio mucho qué pensar y no solo a mí, sino a mis demás compañeros, al decir de ellos mismos. Lo que siempre teníamos en mente era si nos llevan a la cárcel no nos preocupemos, de ahí vamos a salir y con más fuerza.
Para reprimir al pueblo de la lucha contra PEMEX fue creado la tan temida BOM. El campesino es afectado en sus cultivos, en sus lagunas y ríos y en su vivienda, porque cuando PEMEX llega a una comunidad solo llega para dañarla, siempre ha sido así.
Recuerdo que el pozo petrolero que bloqueamos primeramente fue el de Ceiba Primera sección, llamado también Jahuactal, de Cunduacán Tabasco. Los días de bloqueo no estaban definidos, por lo que pensamos que la jornada sería larga, así como desgastante, pero nuestra esperanza era más grande que todo y era la única que nos movía a prepararnos, así que alistamos todo: comida, agua, cobijas, mantas de hule o carpas, trastes, mesas, sillas, leña y por supuesto la despensa, sin faltar la galleta de animalitos, nuestra fiel compañeras de marchas y plantones, era la que sumergíamos en el café nocturno de las guardias de los campamentos, para ahuyentar el sueño y mantenernos en constante vigilia pues la BOM nos atemorizaba.

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