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¿Y después del domingo 7 qué?

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Los resultados de las elecciones del 7 de junio pasado le permitirán al presidente Enrique Peña Nieto navegar en aguas más tranquilas durante la segunda mitad de su sexenio, pues tendrá la mayoría simple para aprobar todo lo que no requiera reformar a la Constitución.

Y no se trata de un dato menor, si se toma en cuenta que desde la segunda mitad del gobierno de Ernesto Zedillo Ponce de León los presidentes no contaban con esa mayoría de la que a partir de septiembre próximo gozará Peña Nieto.

En ese sentido, evidentemente el PRI obtuvo resultados que por sí solos son para festejar y los priistas así lo han hecho.

Sin embargo, los resultados de las recientes elecciones contienen datos que tanto partidos políticos como candidatos ganadores y perdedores no deben ignorar, pues entre otras cosas revelan un cada vez mayor hartazgo de la sociedad no solo hacia esos institutos, sino hacia los mismos procesos electorales.

Independientemente del triunfo que significa para el PRI contar con mayor cantidad de diputados; el venturoso estreno electoral de Morena, propiedad de Andrés Manuel López Obrador; el avance de Movimiento Ciudadano que duplicó el porcentaje de la votación de 2012, hay un mensaje de la población que no debe ser ignorado por los actores políticos.

El PRI perdió ganando. Obtuvo más diputaciones que en los últimos 18 años, pero sus votantes también lo están abandonando.

De hecho, en las recientes elecciones los tres grandes partidos son también los grandes perdedores, pues el PRI pasó de 34.42% a 29.19%; el PAN de 26.96% a 21.02% y el PRD de 15.28% a 10.87%.

Además, también se registró una tasa creciente de rechazo de los ciudadanos para fungir como funcionarios de casilla. Por ejemplo, 54,739 funcionarios tuvieron que ser tomados de la fila por el ausentismo de personas que, habiendo sido capacitadas, faltó el día de la jornada.

Esta cifra es la más alta —y por mucho— con respecto a las últimas cuatro elecciones. En 2009, por ejemplo, hubo 23,658 ciudadanos tomados de la fila, mientras que en 2012 fueron 17,176, según reporta un estudio de Integralia, una consultoría creada por Luis Carlos Ugalde, ex presidente del desaparecido IFE.

La pérdida de votos de los partidos y la deserción de funcionarios de casilla son signos inequívocos del hartazgo social, como consecuencia del descrédito de la política y los políticos, que algo tendrán que hacer para evitar que ambos fenómenos sigan avanzando.

Desde luego que es válido el festejo de los triunfadores, es normal que haya triunfalismos, ¿pero después del domingo 7 qué?

¿Qué harán para recuperar los votos perdidos?, ¿Qué harán para devolverle la confianza a los electores en las instituciones partidistas y en los procesos electorales? Y por otro lado, los electores tendrán que tener mucho cuidado para no dejarse vender esos “novedosos” espejitos llamados “candidatos ciudadanos”.

Platea

Y quien no se inmutó a pesar de que llovía y llovía sobre mojado fue el presidente municipal de Benito Juárez, Paul Carrillo de Cáceres, quien con todo y pierna enyesada supervisó personalmente las tareas que se pusieron en marcha para contener los efectos de la precipitación atípica que se presentó el fin de semana pasado sobre gran parte de Quintana Roo.

La prioridad de las tareas marcadas por el alcalde fue garantizar la seguridad ciudadana y evitar, en la medida de lo posible, que la ciudad se paralizara por el agua en las calles.

Y ambas tareas se cumplieron sin mayores contratiempos. La Policía apoyó transportando a los ciudadanos que estaban varados en las calles por falta de camiones urbanos y taxis y los bomberos se dedicaron a limpiar las alcantarillas para acelerar el desagüe en las calles.

Así, se cumplió en dos frentes: con la población local y con los turistas que, finalmente, son los que dan viabilidad al destino turístico.

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