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Una clase media en vilo, paralizada y desprotegida, por el coronavirus

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CIUDAD DE MÉXICO (proceso).- La dueña del café El Beneficio, en el centro de Coyoacán, llega a su negocio, donde el aire se impregna de olor a canela y, al ver la desolación del lugar, suelta: “¡Está terrible! ¿No sé qué vamos hacer? Estamos casi sin gente; entendemos la situación, pero la bronca es que no hay gente y hay que pagar sueldos, renta, luz… lo que me preocupa es que puedo aguantar cierto tiempo, pero… ¿y luego?”.

En su rostro hay incertidumbre. Le preocupan las medidas preventivas ante la propagación del covid-19, que incluyen sobre todo el aislamiento social, así como el cierre de comercios.

Poco antes de que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador declarara la emergencia sanitaria, en el café las mesas estaban vacías, si bien algunos empleados conservan su entusiasmo en el lugar en el que Proceso entrevista a Gonzalo Hernández Licona, exsecretario ejecutivo del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).

“La gente no puede cerrar. Si la obligamos a hacerlo va a verse muy afectada porque es gente sin ahorros. Va al día y requiere un apoyo adicional a los programas sociales que ya tenemos… Cuando se piensa en el empresario, muchas veces se piensa en Carlos Slim, pero en realidad estamos hablando de las empresas pequeñas y medianas que no van a tener forma de sostener la crisis un mes, y esto va a durar más”, dice.

La propietaria de la cafetería, aun cuando no pertenece a los más desfavorecidos del país, se encuentra en una situación crítica, igual que sus empleados, ante una caída de 3.9%, en el mejor de los casos, como lo anticipa la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP); en el peor, el desplome será de 7%, según JP Morgan.

Es un ejemplo claro de cómo la clase media mexicana puede debilitarse por el aire recesivo en el que se encuentra la economía nacional, y aunque hagan esfuerzos, como el de la dueña del establecimiento de Coyoacán, el tiempo está contado, por lo que corresponde al gobierno emprender acciones.

“El problema es que esta crisis que estamos enfrentando no puede ser resuelta exclusivamente por el esfuerzo de las personas. Trabajar más, buscar mejores oportunidades de empleo o de compras. Esta (crisis) afecta toda la economía de mercado y quien tiene que sacarla del bache es una autoridad que coordine todos estos esfuerzos.

“La clase media puede recurrir temporalmente a sus ahorros, pero esos no van a durar mucho tiempo”, explica a este semanario Rodolfo de la Torre, director del Programa de Desarrollo Social con Equidad del Centro de Estudios Espinosa Yglesias.

De la Torre, quien formó parte del Comité Técnico de Medición de la Pobreza, el cual propuso y calculó la primera medición oficial de pobreza en México, abunda: “La clase media está en una franja gris. Están en la informalidad con altos ingresos o están en la formalidad con ingresos relativamente reducidos. A una parte de la clase media se le puede ayudar con subsidios fiscales, con diferimiento de pagos de impuestos, con algunas transferencias en especie que podría recibir, pero sobre todo protegiendo las pequeñas y medianas empresas donde se ubica la clase media. Esa sería la clave para que no se vea tan afectada”.

Estabilidad endeble

De acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en México 45% de la población es clasemediera. Sin embargo, si la lupa se aleja, resulta que ese porcentaje es inferior al promedio de los 36 países miembros, donde la clase media asciende hasta 61%.

En el tiempo, la clase media se ha mantenido estable en México, pues según el organismo internacional, en la generación de la posguerra (los Baby Boomers, nacidos entre 1946 y 1964), 48% pertenecían a este estrato social; en la llamada Generación X –los concebidos entre 1965 y 1982–, la tasa fue de 46%, mientras que en la siguiente generación, la de los Millenials (nacidos entre 1983 y 2002), el porcentaje de la clase media ascendió a 47%.

El promedio para la OCDE en las tres generaciones es de 68% para los Baby Boomers, 64% para la Generación X y 60% para los Millenials, según el reporte titulado Bajo presión: La reducción de la clase media, del organismo encabezado por José Ángel Gurría, lanzado en abril de 2019.

En términos absolutos, 12.3 millones de hogares y 44 millones de personas constituyen la clase media mexicana, según el estudio Cuantificando la clase media en México, elaborado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía.

El documento explica que si del conjunto de hogares que en el estudio quedaron clasificados como de clase media se seleccionara uno al azar, lo más probable es que ese hogar cuente al menos con computadora, gaste alrededor de 4 mil 400 pesos al trimestre en consumir alimentos y bebidas fuera del hogar.

También, que alguno de sus integrantes maneje tarjeta de crédito y esté inserto en el mercado laboral formal; además de que dicho hogar lo encabece alguien que cuente al menos con educación media superior y que su estado civil sea casado, formando un hogar nuclear de cuatro personas.

Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), la clase media en la región se ha caracterizado por tener un importante nivel de consumo, cuya base es el fácil acceso al crédito.

Lo anterior le ha permitido aumentar su capacidad de compra de automóviles, acceso a tecnología avanzada, a servicios de salud privados e incluso en su canasta de consumo habitual incluye actividades de recreación o vacaciones.

La mala noticia es que la clase media continúa siendo vulnerable ante los cambios políticos y económicos. Además, según la OCDE, uno de cada cinco hogares con ingreso medio gasta más de lo que gana y su sobreendeudamiento es superior al que tienen los más pobres o los más ricos.

Peor aún es la advertencia de la Cepal: “La informalidad en la actividad económica que llevan adelante las clases medias suele derivar no sólo en mayor inestabilidad del ingreso, sino en la ausencia de protección social. En segundo lugar, el Estado, al abandonar su política de amplio alcance, para concentrarse en la lucha contra la pobreza, ha quitado espacio en las clases medias en el diseño de las políticas sociales”.

Es el caso de México y del gobierno de López Obrador.

Incierto futuro

El año pasado, sin la pandemia del covid-19 y sin una crisis en el panorama económico, la OCDE consideró necesario un plan de acción integral para ayudar a la clase media. “Los gobiernos deben mejorar el acceso a servicios públicos de alta calidad y la cobertura de la protección social”, sugirió.

Hoy, el tiempo ganó la carrera y se instaló en un panorama oscuro, incierto, convulso, donde lo único que se sabe es que las economías se desplomarán y el golpe será fuerte, como lo alerta Luis de la Calle en entrevista con Proceso:

“Cada crisis implica un retroceso en términos de expansión de la clase media y por eso es muy importante evitarla, para que la expansión de la clase media pueda continuar porque es el progreso de un país en el fondo. La crisis de 2020, que es resultado del coronavirus y de otras variables, va a tener un impacto importante. Puede revertirse con el tiempo, pero el impacto este año va a ser grande.

“Creo que el gobierno y también el sector privado van a tener que permitirle a las familias que puedan posponer algunos pagos para que no se queden sin capital”, matiza el autor del libro Clasemediero: pobre no más, desarrollado aún no.

Por su parte, Rodolfo de la Torre, quien fue coordinador general de la Oficina de Investigación sobre Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, coincide con De la Calle y profundiza: “Solamente hay un grupo pequeño de personas –entre 10% y 5% de la población mexicana– que son los más ricos. Todos sufrirían. En el caso de la clase media, no es que se vaya contraer, sino que vería afectado su nivel de vida en el corto plazo; no deja de ser clase media, pero tendría una caída muy importante de sus ingresos”.

Lo cierto es que, como lo advierten los organismos internacionales, la clase media no cuenta con protección social y ninguno de los programas del gobierno de López Obrador la incluye.

Así lo ve Hernández Licona, quien en 2017 fue nombrado miembro del Grupo de Científicos encargado de elaborar el Informe sobre desarrollo sostenible a nivel global de la ONU.

“Sin duda, los programas sociales ayudan, porque un dinero a un adulto mayor, un dinero a un joven, un dinero a una población con discapacidad siempre será importante, pero no le están solucionando a la gente que se queda sin empleo, a la gente que se queda sin poder pagar a los empleados. La gente no está comprando. No tenemos un verdadero sistema de protección social para afrontar esos elementos de coyuntura ante el desempleo.”

El también doctor en economía por la Universidad de Oxford agrega: “Siento que le aportarían mucho al país este gobierno y el presidente si ante una coyuntura como ésta –sin cambiar de objetivo– cambias de instrumentos de política pública para generar un verdadero sistema de protección social, que nunca hemos tenido. Sería un hitazo. Pero para eso requieres presupuesto. Y la reforma fiscal ha estado pospuesta”.

Esa reforma no está aún en el panorama de la SHCP.

“Para este fin se buscará mejorar la eficiencia recaudatoria y generar ahorros presupuestales, especialmente en el gasto corriente, para financiar los programas prioritarios del gobierno federal, así como para atender las eventualidades de emergencia de salud y económicas que se presenten como resultado del brote epidemiológico”, aclaró la dependencia en los Precriterios de política económica 2021.

Escuchar a los técnicos

El experto en medición de pobreza dice que López Obrador debería reasignar el presupuesto destinado a la construcción de Dos Bocas y de plano destinar menos dinero a Pemex ante la contingencia sanitaria y económica, considerando también que los precios de la mezcla mexicana de exportación se encuentran en niveles inferiores a 20 dólares por barril.

“Creo que deberíamos estar cambiando presupuesto y destinarlo hacia salud y protección social. De manera muy concreta, el proyecto de Dos Bocas, y dejarle de poner dinero a Pemex. Si antes no tenía sentido, hoy menos; cada vez que producimos un barril de petróleo, México está perdiendo”, dice.

Pero la respuesta ya la dio el presidente en la mañanera del 30 de marzo: “Les contesto: de qué quieren su nieve, porque estoy muy atento a sus propuestas tan racionales, tan bien fundadas, con tantos argumentos. Ni un paso atrás, al contrario, tenemos que reactivar la economía lo más pronto posible”.

Agregó: “¡Imagínense!, se nos cae el precio del petróleo. Tenemos que seguir, desgraciadamente, vendiendo barato el petróleo, cuando, si tuviésemos refinerías suficientes, estaríamos aquí procesando la materia prima, dándole valor agregado al petróleo crudo, creando aquí empleos; pero en 40 años del periodo neoliberal no se hizo una sola refinería. Una gran irresponsabilidad. Y todavía están planteando que no se construya la refinería”.

Hernández Licona es consciente de que el éxito de los gobiernos radica en adaptarse a circunstancias nuevas, pero también depende de saber escuchar a los técnicos.

“Uno requiere el entendimiento cualitativo y el colmillo político que ciertamente tiene el presidente López Obrador, tiene visión política, ha caminado los 2 mil 500 municipios del país, pero si complementa su visión y sus decisiones con datos duros, con datos de técnicos y científicos, me parece que nos iría mejor.”

La dueña del café El Beneficio sale de su negocio algo desanimada, pero esperanzada en algún plan del gobierno que ayude a sostener su negocio y a no verse obligada a descansar a su gente.

Pero hasta el cierre de esta edición el gobierno federal sólo había anunciado un millón de créditos gubernamentales para microempresas que difícilmente cuentan con acceso al sistema financiero; apoyos equivalentes a más de 19 mil millones de pesos en préstamos de vivienda para trabajadores que vean afectados su empleo o ingresos; y adelanto de las pensiones de adultos mayores para que solventen los gastos extraordinarios derivados de la coyuntura, además de otras acciones con enfoque financiero, así como para amortiguar el impacto en el tipo de cambio.

Se espera que este domingo 5 el gobierno lance su plan económico ante el covid-19, mientras, la clase media mexicana está en vilo, paralizada y vulnerable.

“Creo que lo que México quiere –y también el presidente– es reducir la pobreza y bajar la desigualdad. Tiene que cambiar los instrumentos de política pública para hacerlos conforme el país y el mundo cambian de rumbo. Si tú te quedas con los mismos instrumentos que tenías en enero, si tú no tienes reflejos suficientes para cambiar las cosas, el impacto económico es muy grande”, remata Hernández Licona, quien fue removido del Coneval y criticado por Andrés Manuel López Obrador.

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