Canal de información del acontecer Quintanarroense y termómetro del ambiente político Local y Nacional

Tamayo tarda 17 minutos en morir, «20 años han sido mucho, estoy listo»

50

Huntsville, Texas– Horas antes de acostarse en la cama donde perdería la vida, el mexicano Edgar Tamayo sabía que no tendría marcha atrás: “veinte años han sido mucho, estoy listo”, dijo al personal del Departamento de Justicia de Texas que tuvo contacto con el sentenciado a la pena capital.

En su última cena, comió arroz, chuletas de puerco, vegetales, café y té. También hizo algunas llamadas a sus familiares.

Todo esto, antes de las 18:00 horas de ayer (tiempo local), en la prisión de Walls, ubicada a una hora del centro de reclusión donde pasó sus casi 20 años de reclusión.

La ejecución iniciaría originalmente a las 18:00 horas (tiempo local), pero un recurso de último minuto de su defensa retrasó el proceso hasta después de las 21:12 horas.

Ya en la plancha de la muerte, cuando un guardián le preguntó si tenía una última declaración, musitó “no” y movió la cabeza. A medida que la dosis letal de pentobarbital comenzó a hacer efecto, respiró unas cuantas veces y luego hizo un ronquido ligeramente audible antes de dejar de moverse por completo.

Fue declarado muerto 17 minutos después de que le administraron la sustancia, a las 9:32 de la noche.

Huntsville, Texas– Familiares se hicieron presentes en las afueras de la prisión. Su tía Margarita Tamayo acompañó en este proceso a los padres e hijas del mexicano. 
“Él es inocente, él es inocente”, dijo.

Édgar Tamayo, de 46 años y originario de la comunidad de Miacatlán, Morelos, fue sentenciado a la pena capital por el asesinato del policía Guy P. Gaddis, en Houston, Texas, el 31 de enero de 1994. Estuvo preso en la Unidad Carcelaria de Walls, en Hunstville, donde finalmente falleció por inyección letal.
Tanto la Corte Federal para el Distrito Oeste de Texas como la Corte de Apelaciones Criminales de Texas rechazaron el pedido de los abogados defensores y pese a la oposición diplomática de México y del departamento de Estado.

Mientras moría, Tamayo nunca miró hacia la madre de Gaddis –el policía, quien presuntamente fue asesinado por Tamayo el 31 de enero de 1994–, dos hermanos y otros dos familiares que veían a través de una ventana. No escogió ningún testigo propio.

Había decenas de policías y simpatizantes del patrullero muerto que aceleraban sus motocicletas fuera de la prisión antes de que dejaran ingresar a los testigos dentro de la cámara de la muerte.

La ejecución se produjo después de que la Corte Suprema de Estados Unidos y tribunales federales rechazaron apelaciones de último momento, y de que los funcionarios de Texas desdeñaron los argumentos de que la detención y pena de muerte de Tamayo estaban viciados porque no le informaron, según indica un acuerdo internacional, que podía recibir asistencia jurídica de su país tras el arresto.

Los abogados también alegaron sin éxito que no era mentalmente capaz y por lo tanto no era elegible para la pena de muerte, y que los procedimientos de clemencia del estado fueron injustos. La Junta de Perdón y Libertad Condicional de Texas había rechazado el martes el pedido de clemencia de Tamayo.

“No importa de dónde sea la persona”, dijo Lucy Nashed, portavoz del gobernador Rick Perry. “El que cometa un crimen despreciable como éste en Texas, queda sujeto a nuestras leyes estatales, incluido un juicio justo con jurado, y la pena máxima”.

Gaddis, quien llevaba dos años en la Policía, llevaba a Tamayo y otro hombre desde el lugar de un robo cuando, según muestra la evidencia, el oficial recibió tres disparos en la cabeza y el cuello con una pistola que Tamayo había ocultado en sus pantalones. El auto se estrelló, y Tamayo huyó a pie pero fue capturado a pocas cuadras, todavía esposado, con el reloj y el collar de la víctima del robo.

Funcionarios mexicanos y los abogados de Tamayo dijeron que estaba protegido por una cláusula de la Convención de Viena sobre Relaciones Consulares de 1963. La asistencia jurídica que garantiza ese tratado pudiera haber descubierto pruebas para impugnar la pena capital por asesinato o que evitaran que Tamayo fuese condenado a la pena de muerte, dijeron.

Sus horas finales

El sistema judicial de Texas distribuyó una ficha en la que se precisan las actividades que realizó el mexicano, así como los testigos presentes en su ejecución, entre los cuales no estaba ningún miembro de su familia por petición propia del reo. 
Se precisa por ejemplo que ayer a las 8:00 horas recibió la visita de sus padres y se tomó fotos en el área de visitas que separa a los reclusos de sus visitantes con un cristal. Alrededor de las 11:15 recibió la visita de sus hijas, quienes se retiraron poco antes de mediodía. Con ellas también se tomó algunas fotografías. 
El martes tuvo un encuentro previo con su familia alrededor de las 9:35 de la mañana que continuó hasta las 16:50 horas, tiempo en el que el preso comió dos bolsas de papas. A las 8 de la noche del mismo día escribió un correo, y a las 11 de la noche ya descansaba en su cama.

20140123-073823.jpg

Los comentarios están cerrados.