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Rinden homenaje a Efraín Huerta por su centésimo cumpleaños en Bellas Artes

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David Huerta, hijo del autor de ‘Los hombres del alba’, durante el homenaje organizado por la UNAM a Efraín Huerta. Foto Cristina Rodríguez

México, DF. Todo cabe en la poesía de Efraín Huerta (1914-1982) sabiéndola apreciar: humor y desenfado, lo sutil y la reflexión, lo pícaro y la crítica social, y hasta un poco de historia nacional.

Así quedó constatado en el homenaje que se le rindió al poeta guanajuatense la noche de este miércoles en el Palacio de Bellas Artes, en el día justo de su centésimo cumpleaños.

Tres actores, un poeta, un narrador y periodista, y un músico hicieron tangible en palabra y sonidos ejemplos de la álgida y generosa obra de este autor.

El homenaje fue organizado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, el Instituto Nacional de Bellas Artes y la Secretaría de Cultura de la ciudad de México, colaboración que fue reconocida en el propio acto por el titular de la primera instancia, Rafael Tovar y de Teresa, quien dijo que una figura como Huerta merece ser celebrada de manera unitaria, no dividida ni fragmentada.

El funcionario federal fue breve en su intervención, durante la que encomió a la de este vate como una obra de maravillosa palabra, llena de originalidad, humor, amor, amor por la ciudad de México y en la que se hace patente la crítica ante la injusticia.

Dos primeros actores, Marta Verduzco y Carlos Bracho, así como su colega Selma Beraud, fueron los encargados de realizar una serie de lecturas dramatizadas de poemas del homenajeado, entre ellos Canto al petróleo mexicano, El tajín y un grupo generoso de sus famosos poemínimos.

En tanto, el poeta Hernán Bravo Varela hizo lo propio con el último poema de gran aliento escrito por el Gran Cocodrilo, como se le conocía a Huerta, titulado Amor. Patria mía, de 1980.

El otro poeta fue David Huerta, hijo del autor de Los hombres del alba, quien se encargó de moderar la mesa, en mancuerna con el narrador y periodista Benito Taibo.

La parte musical estuvo a cargo de Jerónimo Gorráez Belmar, quien llevó a los terrenos del hip-hop algunos de los versos que Efraín Huerta estampó en Declaración de amor y Declaración de odio.

Fue una velada grata y entrañable, atestiguada por Eugenia y Andrea Huerta, hijas del escritor, en la que la atmósfera ingeniosa y humorística corrió de la mano, precisamente, de poemínimos como “Todas las mujeres que amo están casadas, hasta la mía”; “Hombre pervertido vale por dos”; “Pues sí, hablando se enciende la gente”, y “Estoy listo para retirarme a la vida pública”.

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