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Remberto, ¿tramposo?

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No. Su partido sí, acaso al menos bajo los criterios del INE.

Si lo vemos bien no está tan mal la ley electoral en ese sentido. Para determinar la nulidad de una elección en lo que a topes de gastos de campaña se refiere se debe dar dos condiciones: que el ganador haya superado el límite en más del cinco por ciento y que su triunfo haya sido por menos de cinco puntos porcentuales sobre el segundo lugar. La primera se dio, según el INE. El gasto en la campaña de Remberto Estrada Barba se excedió de su límite casi en una quinta parte. La segunda, por mucho, no, pues la ciudadanía lo eligió en una proporción más o menos de tres a uno sobre su inmediato perseguidor.

Si decíamos que la normatividad electoral es acertada en ese tema nos referíamos a esto: privilegia la voluntad popular en una medida razonable sobre el comportamiento de los partidos y sus candidatos. No es tan difícil hacer una figura mental. Te dijeron que podías gastar 100 pesos pero gastaste 119. Mal, de acuerdo, pero si el electorado se volcó para darte la victoria al tres por uno eso no se puede revertir ni ignorar. La voluntad del electorado manda, y no se cuestiona mientras no haya asomo de duda de su sentido. Es el caso.

Pero quizá lo más importante debiera ser entender por qué Remberto Estrada acabó rebasando el tope de gastos en su campaña. El ahora diputado federal electo reportó y comprobó puntualmente sus gastos ante la autoridad electoral administrativa, muy por debajo de los límites acordados. Grosso modo, más o menos 700 mil pesos ante el tope de un millón. Sin embargo, el gasto “institucional” del PVEM –ciertamente acosado por el INE y los medios–, por el reparto de despensas –amén de las otras estrategias millonariamente sancionadas que todos conocemos– orquestado por el “Niño Verde” Jorge Emilio González Martínez se le acabó cargando a su ejercicio como egresos en sus proceso electoral. Ahí se dio el rebase. Él no gastó más de lo autorizado.

Además de ser un candidato de impacto contundente, Remberto Estrada fue decente en lo que se refiere a sus erogaciones.

No hay vuelta de hoja: ganó y ganó bien. Pretender sembrar la imagen de que es un diputado espurio sería traicionar la voluntad ciudadana y vulnerar la democracia.

Vaya que a nosotros no nos gusta el tramposo y patrimonialista Partido dizque Verde, pero esa campañita de desprestigio no se vale.

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