Ciudad de México.— El movimiento de Rafael Marín Mollinedo fuera de la Agencia Nacional de Aduanas de México no es un simple relevo administrativo: es una jugada política que reconfigura posiciones en el sureste del país. El ahora exfuncionario dejó la dirección de la ANAM para asumir como delegado de la Secretaría de Gobernación en Yucatán, manteniéndose dentro del aparato federal, pero en una posición con mayor margen político.
Su salida ocurre en un momento clave para una institución estratégica encargada de la recaudación y control del comercio exterior, que además enfrenta presiones por temas como contrabando y rezagos estructurales. El relevo no es menor: se prevé el nombramiento de un titular interino mientras se define quién tomará las riendas de manera definitiva.
Más allá del cambio de escritorio, el trasfondo es político. Marín Mollinedo, cercano al círculo fundador de Morena y con una larga trayectoria en la administración pública, da un paso que lo mantiene en la estructura de poder mientras fortalece presencia territorial en el sureste, una región clave en la agenda nacional.
El nuevo encargo en Gobernación implica funciones de enlace institucional y operación política con autoridades locales, un espacio donde se construyen acuerdos, pero también candidaturas. En ese contexto, su llegada a Yucatán no pasa desapercibida: es una posición que permite tejer redes, medir fuerza y proyectarse.
La lectura es directa: el movimiento no solo responde a una reorganización administrativa, sino a un reposicionamiento estratégico rumbo a los procesos políticos que ya comienzan a perfilarse en el sureste. Mientras tanto, la salida de Aduanas deja abierta una interrogante sobre la estabilidad y rumbo de una de las áreas más sensibles del gobierno federal.




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