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Que tiempos señor Don Simón ||| Por Rodolfo Barradas

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Llegué a Cancún a finales del año 1983, cuando estaba en los albores de mi juventud, a emprender una nueva aventura política después de haber participado en la campaña a la Presidencia de Miguel de la Madrid.

Quienes vivíamos en Chetumal y teníamos ahí familia, vida y amigos, nos resultaba de cierta forma difícil salir de nuestra zona de confort para venir a esta ciudad cosmopolita y emprender cualquier tipo de aventura.

La candidatura a la Presidencia del mejor alcalde que ha tenido Benito Juárez que fue la de Joaquín González castro y de la cual me honro haber sido parte de ella, fue la razón de emprender un nuevo estilo de vida en un lugar que para nosotros los chetumaleños, era orgullo turístico de Quintana Roo y del mundo entero.

Una ciudad de 80 mil habitantes y de 5 mil cuartos de hotel, estaba convertida en el escaparate de propios y extraños que hasta con un año de anticipación, hacían sus reservaciones de hotel y de vuelos pues a decir verdad tratar de conseguir un cuarto de hotel o un boleto de avión en temporada alta, resultaba realmente imposible en un Cancún cuya afluencia de turismo era VIP y no como ahora que por los “todo incluído” y la inseguridad que ya se ha vuelto parte de nuestra vida diaria, recibe lo que caiga y con promociones abaratadas que a decir verdad, los creadores de este polo turístico jamás imaginaron.

A nivel nacional llamaba mucho la atención que en los medios de comunicación escritos locales que no eran muchos, en los clasificados todos los días los anuncios de solicitudes de trabajadores para ocupar diferentes fuentes de empleo, destacaba mucho más que ventas o cualquier otro tipo de cosas, razón por la cual la migración se daba de tal manera, que Cancún tenía la tasa de crecimiento más grande de América latina y que era de un 20 y quizá de un 24 %.

La avenida Tulum que es la arteria principal de esta ciudad, brillaba por sus locales comerciales, restaurantes y por la noche música en vivo que era uno de los atractivos que Cancún ofrecía a quienes nos visitaban de diferentes partes del mundo y que de lo que más disfrutaban de Cancún, era su tranquilidad, su armonía y el trato personalizado que cualquier prestador de servicios turísticos les brindaba.

El alcalde González Castro, iba de un lugar a otro del municipio manejando un modesto vehículo acompañado por uno o dos de sus colaboradores, mismos que se encargaban de ver dónde era necesario aplicar los programas de Gobierno municipal y todos los cancunenses sin excepción podían ver y saludar al Presidente, para plantearle las necesidades ciudadanas o simplemente para platicar un rato con él.

Gilberto Bornio quien se desempeñaba como Director de Seguridad Pública, la gran mayoría de las veces se trasladaba de su casa a sus oficinas y viceversa caminando, sin el temor de ser víctima de algún atentado pues la ciudadanía confiaba en los cuerpos policiacos porque la realidad de las cosas en Cancún vivíamos literalmente en un paraíso y en un paraíso se vive en completa libertad, seguridad y armonía… El mismo caso se daba con Jesús Montes Cavazos quien se desempeñaba como director de tránsito municipal.

Muchos dirán que eran otros tiempos, que las cosas eran diferentes, que los problemas no eran los mismos, que la política no era igual que ahora y quizá tengan razón pero sin lugar a dudas los escenarios siguen siendo los mismos, con la enorme diferencia de que ahora se gobierna para algunos cuántos y se han olvidado de gobernar para quien realmente lo merece y lo necesita como lo es toda la ciudadanía en su conjunto.

La verdad de las cosas es que muchos cancunenses de aquellos tiempos incluyendome yo, jamás imaginamos que en tan poco tiempo y después de haber visto como Cancún se vendía en cualquier parte del mundo prácticamente en promoción de voz en voz, hoy por hoy esté convertido en un centro turístico rechazado, etiquetado en diferentes países del mundo como un lugar de riesgo y peligro para sus visitantes… Los cancunenses de ayer, ya muchos se fueron y de los que de aquellos quedamos, la gran mayoría hemos pensado también irnos pues vivir en un campo de guerra, en el que los hijos y la familia están en riesgo latente día con día, la verdad no es vivir y cuando hemos perdido esa libertad de transitar por calles y avenidas por distracción o necesidad, vivimos con el temor de ser víctimas de la delincuencia o de una bala perdida de esas que todos los días se disparan en cualquier lugar de la ciudad y por ello muchos de nosotros nos hemos convertido en rehenes de nuestras casas porque para ser sinceros, hasta ir a misa resulta peligroso.

Que lástima que las cosas tengan que ser así y sobre todo en un lugar como lo es Cancún que nació para ser grande, para ser visitado con esa misma tranquilidad y emoción de antes pero sobre todo, para ser libre… He dicho.

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